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domingo, 15 de junio de 2014

Dulce introduccion al caos. THE END!

Gentucilla del campo, dejo de escribir DIAC en el blog. Lo escribiré pa mi, pa mis adentros xD

SPOILER!
Al final mueren todos xD jajajja es broma. Si me apetece colgare el resto de los capitulos o pedirmelos

martes, 22 de abril de 2014

Dulce introducción al Caos. Capitulo 5.

Otro despertar más en esa casa, a la que ya se había acostumbrado. Ya no echaba de menos no escuchar el secador de su madre por la mañana, ni la televisión de su padre por las noches. Tampoco se le hacía extraño no escuchar la música de su hermana durante toda la tarde. Era simplemente, un día más de su nueva vida. Decidió que era hora de cambiar el tono de la alarma del móvil, ya había empezado a odiar esas cuatro notas que no paraban de sonar todo el rato. Se quedó tumbada en la cama, mientras elegía nueva melodía.

Era lunes por la mañana, tocaba ir a la universidad, cuando decidió cual era la canción que menos odiaba, se levanto. Se puso lo primero que pilló en el armario (aunque en verdad lo había premeditado minuciosamente el día anterior) y salió de la casa. Mientras iba andando por la calle, iba pensando en la puerta, la carta, el jardín... todas aquellas malditas cosas que había sucedido ese fin de semana y que no tenían ninguna explicación razonable, más allá de la trama de un nuevo capitulo de una serie policíaca.

Sara odiaba rotundamente los lunes, suena totalmente a tópico, pero era verdad. Te dan dos días para que vagues, y el lunes te ponen la peor asignatura posible, para que te des cuenta de que era todo una mentira. Sigues en esa maldita rutina, y afronta otra semana más. Los lunes tenía Física, sé que suena raro, estudiando fotografía y haciendo la asignatura de Física, cosas de Bolonia y de estas cosas que no voy a comentar. Eran seis horas en las que un profesor le hablaba sobre tiro parabólico y fuerzas y diez mil chorradas más que no sirven para nada en la fotografía, mientras ellas se dedicaba a inventar, imaginar o jugar al Candy Crush. Pero ese fatídico día, ya podía Facebook poner el juego más adictivo de la historia que la mente de Sara estaba en otro mundo.

No os he hablado de la universidad de Sara, era una facultad enana, se impartían solo dos carreras, con una clase por cada curso, en la clase que más personas que había eran treinta más o menos, así que echando cuentas, en toda la universidad eran como máximo doscientas cuarenta personas. En su clase solo eran veinte, cada cual friki de lo suyo, pero todos eran una gran piña. Las asignaturas consistían en hacer prácticas y más practicas. Pasaba los días haciendo deberes o faena como se dice por aquellos lares. Por lo que estaba casi todo el día encerrada en la universidad, por las mañanas clases y por las tardes, hasta que le apetecía o terminaba, haciendo los trabajos que le mandaban. Es una de las razones por las que ella creía que estaban tan unidos.

A mitad de sus pensamientos, mientras el profesor explicaba los diferentes parámetros que influían en los tiros parabólicos, le llegó un Whatsapp de Rubén:
 "Xavi dice que se ha ido de la casa
ha dejado una nota diciendo que se iba
ven cuanto antes"
Sara flipaba, aunque no le extrañaba, no hacía nada con los compañeros de la casa y después de los acontecimientos no le sorprendía para nada que se fuera. Decidió que se iba de clase, total, no se estaba enterando de nada, y tenía su mente ocupada en muchas cosas.


"Chicos, me voy de la casa, os dejo pagado este mes, lo he metido en el sobre. Creo que será mejor vivir solo, siento dejaros así de tiraros, pero no puedo seguir con tantas cosas pasando. Un saludo."

- ¿Y ya está? ¿No ha hablado con nadie? - Preguntó Sara a Rubén
- Yo me he levantado y he visto la nota en la nevera, no se nada más.
- ¿Y los demás?
- He avisado a todos, tu has sido la primera en venir, a lo mejor se ha cruzado con alguno de estos por el camino, pero nadie me ha dicho nada por el Whatsapp - Dijo él mientras miraba el móvil
- Que fuerte... ¿Que hacemos ahora?

Rubén se encogió de hombros y se sentó en el sofá. Estuvieron un rato en silencio (otra cosa que Sara odiaba más que los Lunes), poco a poco fue llegando el resto del elenco, todos se quedaban con cara de asombro y se iban colocando en el sofá. A los veinte minutos de llegar Sara, ya estaban todos ahí, el misterio de la casa era mucho mas intrigante que cualquier asignatura que se pudiera impartir en cualquier universidad.

- Bueno, a ver, esta claro que se ha ido, y que no podemos hacerle nada ya. Así que ajo y agua, no hay nada más - dijo Marta, mientras se sentaba con su Coca-Cola
- Ya bueno, pero al menos ¿podría haber dado la cara no? - Dijo Pedro  enfadado

Pasaron los minutos mientras discutían de lo cobarde que era Xavi por no haber dado la cara y de si buscaban a un nuevo compañero de piso o hablaban con el casero para ver si les bajaba un poco el alquiler con todo el follón que había montado. Tras aquel periodo de tiempo, llegaron a la conclusión de que no podían hacer nada, que lo que debían de hacer era informar al casero y que el les dijera si cogían a alguien más o que hacían. Jordi llamó a la agencia, para ver si le podían facilitar el número de teléfono. A medida que iba avanzando la conversación la cara de Jordi no mejoraba, seguía en "estado de shock" desde que le habían contado lo de la nota.

- Me han puesto en contacto con el número que ellos tienen y me sale la voz de una chica diciendo que "Actualmente no existe ningún número con esa numeración".

Las investigaciones policiales no dejan nada que desear a todo lo que estaba ocurriendo en esa casa. Se volvieron a sentar todos, para llegar a una nueva conclusión. Algunos de ellos estaban de acuerdo en pagar un poco más al mes y no alquilar a nadie más la casa, otros no querían gastarse ni un céntimo más en el alquiler, por lo que querían otro inquilino. Sara se limitaba a escuchar y su opinión estaba muy lejos de mostrarse. Era todo tan extraño, mensajes firmados por el casero, un número que no existe, gente que recoge jardines gratis a domicilio y puertas que no llevan a ningún lugar. Por un lado, sentía lo que le había impulsado a Xavi a irse de la casa, pero por otro, le había cogido cariño a las otras personas que en ella habitaban.

Entre discusiones y argumento fundamentados, sonó la puerta. En el caos que allí habitaba, nadie se movía para abrirla. Sara se dirigió a la puerta, y al ver que esta se movía los demás apaciguaron sus voces. Un señor vestido de amarillo, con el símbolo de correos le esperaba tras la madera. Le hizo firmar en una especie de Game Boy y se marchó. No había ninguno nombre en concreto en la dirección del paquete que le había devuelto. Sara intentando averiguar el remitente, preguntó a sus compañeros si alguno esperaba algo. Ninguno contestó.

- Otra vez no - dijo Anna suspirando

Abrieron la caja, seguía sin haber ninguna pista que les dijera hacia quién iba dirigido. Anna desistió en medio del proceso y se fue a su habitación, Jordi miro al resto de sus compañeros y la siguió rápidamente. Los demás continuaron con su ritual. Una carta, unas llaves y una caja. Era todo lo que el pequeño paquete contenía.

Aunque se haya ido Xavi, no quiero que cojáis a ningún otra persona para la casa. A partir de ahora, tendréis que seguir mis instrucciones. No intentéis iros de la casa, o será peor para vosotros, ya he perdido a uno y no pienso perder a más. Si no queréis seguir mis pautas os daréis cuenta de que se más de vosotros de lo que os conviene. 
 No quiero que volváis ha hacer ninguna fiesta, nadie que no sea vosotros puede entrar en esta casa. 
Junto con esta carta os vienen unas llaves, dejarlas en un sitio que estén a mano, las necesitareis.  
 
Fdo. El casero
  


- Al menos podría haber dicho hola - dijo Gerard para romper la tensión que había en el ambiente. 

miércoles, 5 de marzo de 2014

Dulce introduccion al caos. Capitulo 4

- ¡Que buena es esta canción! - no paraba de repetirse mentalmente mientras que seguía inmersa en su mundo.

Llevaba una hora más o menos metida en aquella cúpula y había escuchado como mucho cinco canciones. Cada dos por tres volvía a escuchar la de Imagine Dragons. No entendía porqué pero esa canción tenía un noseque y un queseyo que hacía que no pudiera parar de escucharla.

Tenía cosas que hacer para la universidad, pero intentaba alargar lo máximo posible el tiempo en su mundo. Miraba el reloj y calculaba las horas que podía pasar haciendo los deberes, luego hacía un cálculo mental redondeando a su favor, y decidía que aun podía pasar un rato más en aquella burbuja. De esta forma pasó la mitad de la tarde, antes de que se decidiera hacer algo.

No sé muy bien que pasa, en las tardes que son como esta, que cuando te quieres dar cuenta entre tu mundo y los deberes, ha pasado ya casi toda la tarde y no te ha cundido tanto como esperabas. Esto le pasó a Sara, cuando se quiso dar cuenta, estaba Marta en la habitación con ella preguntándole que quería de cena. Bajaron las dos a la cocina, se iban a hacer una ensalada y poco más. Se habían puesto moradas con la paella y tampoco tenían muchas ganas de cenar mucho.

Abajo, estaban todos reunidos entornos a la televisión, como todos los domingos por la noche echaban Modern Family en Neox. Pasaron de largo. Se pusieron a preparar su mega-ensalada, era fácil y estaba deliciosa: Lechuga, palitos de cangrejo, maíz, queso y, lo que a todo el mundo le parecía rarísimo, piña. Mientras preparaban aquel manjar, Sara se dio cuenta de que había demasiado silencio para estar con Marta, nunca la había visto tan callada.

- Va, Marta, suéltalo.

- ¿El qué?, no pasa nada - contestó ella sin apartar la mirada de la lechuga

- Venga siempre estas contándome cosas, no te gustan los silencios, y llevas 10 minutos sin decir ni una palabra... ¿Qué pasa? - Palabras que iban seguidas de la mirada de "te he pillado"

- Estoy un poco cagada, con el tema de la puerta y todo esto, no te lo he querido comentar porque no quiero parecer una miedica, pero la verdad es que me da mucha cosa... no se... rayadas mías supongo.

- Ei, va, no te preocupes no pasa nada, en el fondo a todos nos da un poco de yuyu, al menos intriga, pero bueno, piensa que seguramente no sea nada.

Marta sonrió, aunque sin mucha convicción y volvió a su ensalada. Sara no sabía muy bien que decir, sentía lo mismo que ella pero no lo quería admitir. En el fondo todos se sentían un poco así. Enseguida Marta sacudió un poco la cabeza, como negando todo en el mundo y volvió a hablar.

- ¡TIIAAA! ¡Que no te has enterado!

- ¿Qué pasa?

- Al final Anna y Jordi están como de rollo, que lo han estado hablando y tal y que quieren ver "cómo va la cosa", algo así. Asique ya tenemos la primera parejita de la casa... - Sara puso cara de sorprendida, aunque en realidad le daba igual - Bueno... y creo que ya sabemos cuál será la segunda ¿no? – mientras ponía la misma cara que le había puesto Sara unos minutos antes.

- ¿Qué? ¿Qué dices? ¿Quién es la segunda?

- Nada, yo no digo nada, que si no luego todo se sabe.

Sara se quedó dándole vueltas al asunto durante un rato. ¿Qué narices pasaba? Decidió que llevaba un día en el que el cupo diario de pensar estaba más que cubierto y que, si seguía así, la cabeza empezaría a echar humo y explotaría. Así que, dejaría las palabras de Marta a un lado y se centraría en cenar e irse a dormir. Mientras que cenaban, estaban hablando de los mismos únicos temas que se habían hablado durante el día.

Estaban todos sentados alrededor de la caja tonta, sin hablar, ni hacer el más mínimo ruido. Dejándose atrapar por aquellos personajes amarillos animados, cuando de repente se fue la luz. Unos cuantos, pusieron el flash del móvil a modo de linterna y emprendieron su camino hacia los interruptores. Xavi se limitó a gritar desde su cuarto: "¡La luz!". Mientras tantos todos estaban con el móvil, mirando las diferentes redes sociales, contestando mensajes o simplemente jugando a algún juego. Pasó un segundo, o ni siquiera todo eso, cuando volvió la expedición encargada de encender la luz:

- Oye, que no hay ningún interruptor bajado, no sabemos cómo volver a poner la luz - dijo el capitán de la expedición: Jordi.

- Que sí tío, tiene que haber alguno, si no tenemos que llamar a un electricista y es toda la putada.- Pedro

- Ve tú si quieres...

No dejaron terminar la conversación cuando se oyó como alguien golpeaba la puerta. Todos se asustaron, no se lo esperaban. Se miraron los unos a los otros en silencio. Jordi y Pedro fueron los valientes que cortaron ese juego de miradas y se fueron a abrir la puerta. Por muy machitos que se hiciera, y quisieran aparentar que nada en el mundo entero les daba miedo, se acercaban muy despacio, mientras seguían oyendo los golpes. Las mentes de todas las personas que había en aquella casa no hacían más que imaginarse todas las opciones posibles como con la puerta. Jordi cogió las llaves que estaban colgando de la cerradura de la puerta, las giró dos veces, miró a Pedro. Este le devolvió un gesto de "venga ábrela". Jordi siguió con su procedimiento, lento y acojonado. Bajo el manillar, antes de abrir la puerta definitivamente volvió a chequear la cara de Pedro, nadie podía aguantar más la tensión.

- ¿Que cojones pasa? - Todos saltaron de sus sitios y miraron hacia donde procedía la voz, era Xavi.

Nadie le hizo caso, con la mirada le mandaron callar. Jordi consiguió abrir la puerta finalmente, parecía una de aquellas veces en las películas que alguien llama a la puerta y solo hay un paquete en el suelo. Nada más.  Siguiendo el protocolo de Hollywood miró hacia afuera, a ver si por alguna casualidad el asesino se dejaba ver por alguna esquina. Cogió el paquete, y nada más cerrar la puerta, la luz volvió. La sensación y la atmosfera que se respiraba no es fácil de describir, unos estaban acogonados, otros simplemente intrigados, todos estaban callados, la tele se había vuelto a encender y junto a ella unos cuantos sustos se propagaban por el aire.  

Un paquete encima de la mesa, todos sentados alrededor de este, sin hablar, mirando fijamente como si tuvieran rayos X y pudieran descubrir que había en su interior. Era un paquete pequeño, no más grande que una caja de zapatos, ni siquiera más grande que un libro. Sin remitente ni destinatario, característica obvia en estas ocasiones.
-¡Ya está! ¿¡Estoy harta, que narices pasa aquí!? – Decía Carla mientras se levantaba del sofá, en una mezcla de enfado y miedo.

-¡Cálmate, seguramente no sea nada! – gritó alguien desde el otro ricón del salón, seguramente o Pedro o Rubén – Esto parece una película mala de Hitchcock
-Bueno abrimos esto… ¿O qué? – dijo Sara

Gerard fue el primero en atreverse a tocar el paquete de nuevo, rompió el celo que cubría todo el paquete, de este marrón que solo usas cuando es algo muy importante, cuando te quieres asegurar de que nada le pueda pasar a lo que hay en su interior. Buscó la solapa que estaba más fácil de abrir y tiró de ella. Este movimiento hizo que lo que había en el interior del paquete saliera desparramado por toda la habitación. Un vaso de la fiesta del día anterior, una carta lacrada y una llave.

-¿Qué narices? – Volvió a decir esa voz que Sara no podía identificar
-Lee la carta ¡ya!

Por suerte o por desgracia, la carta había ido a parar a los pies de Anna. Esta la cogió y mirando a todos sus compañeros la abrió:

No podéis hacer más fiestas en la casa.
                                                                           Fdo. El casero”

Tras un silencio y otro juego de miradas, Jordi rompió el silencio:

-Esto es una broma de alguien, o algún vecino amargado que no echa una cana al aire desde hace mucho. Se aburre y esta mañana ha decidido hacernos de señora de la limpieza. ¡Bah!

Nadie le contestó, unos cuantos asintieron aunque sin mucha convicción, mientras que los otros se dedicaban a mirar a puntos inconcretos de la habitación buscando su propia historia en la cabeza. Podía ser el verdadero casero que estaba cabreado por cómo le habían dejado el jardín, asique después de limpiarlo decidió meterles un poco de miedo en el cuerpo. Podía ser alguien de la fiesta que en su eterno aburrimiento les había hecho esa carta, aunque eso no le daba explicación al jardín. Había tantas opciones y algunas que daban tanto miedo que era mejor ni pensarlo. Volvió la misma lluvia de ideas que había ocurrido con la puerta. Millones de posibles posibilidades que dejaban volar la imaginación de una generación adicta a las telenovelas y los reinos medievales.

Conclusiones, no sacaron ninguna. Aunque poco a poco quedaba menos gente en el salón que diera su opinión. Ahí sí que pasaron horas, aunque a ellos mentalmente no les pareciera tanto tiempo, los ojos de algunos empezaban a cerrarse aunque fuera la situación más interesante que les hubiera pasado en mucho tiempo. Xavi fue el primero en desaparecer, que tras leer la carta y decidir que todo era una broma o un vecino enfadado se volvió a encerrar en su habitación. Anna y Jordi le siguieron a la hora o así. Y poco a poco en el salón solo quedaban Gerard, Rubén, Marta y Sara. Marta se moría de sueño, pero tenía tanto miedo que no se iba a ir a la habitación sola, por lo que estaba esperando en un sofá a que su compañera de habitación decidiera que tenía sueño. Pero a Sara siempre le habían encantado las novelas tipo C.S.I y Sherlock Holmes, por lo que escuchar los relatos de los demás era demasiado interesante como para sustituirlo por su cama.


miércoles, 12 de febrero de 2014

Dulce introducción al caos. Cápitulo 3

Se despertó por la mañana, como le gustaban los domingos.  Era ese día en el que casi nadie tenía algo que hacer, y te dedicabas o a hacer deberes (que no era lo que solía hacer) o a simplemente hacer el vago. Benditos domingos. Se quedó un rato en la cama pensando en la noche de ayer. Había resultado ser una noche muy interesante. Todos se lo habían pasado genial y gracias a Dios no había pasado nada fuera de lo normal. Cuando ya había hecho un repaso de todo lo que había sucedido se levantó, se puso las zapatillas y se dispuso a salir de la habitación. Miró a la cama de Marta a ver si esta se había levantado, y efectivamente así era.

Cuando llegó a la cocina, estaban casi todos allí. Solo faltaba Xavi, Anna y Jordi. Se preparó un bol de cereales y se unió a la conversación de los demás. Hablaban de lo que había pasado la noche anterior entre Anna y Jordi ¿Seguirían juntos? ¿Habría sido solo un lío? No sabían muy bien lo que había pasado entre ellos. No había ningún antecedente de que eso podría haber ocurrido. No tonteaban mucho, o no al menos enfrente de ellos. Había muchas teorías, unos decían que el alcohol y la fiesta, y que esto acabaría como una anécdota más que contar. Carla opinaba que sabía que iba a ocurrir, que Anna le hablaba mucho de Jordi y que era normal que se creara tensión, terminó con la frase: “El roce hace el cariño”. Todos se rieron. Y por último estaba la teoría de que podía haber sido una mezcla de las dos cosas, que entre que ya había un poco de cachondeo y el ambiente que se perfumaba, podría haber ocurrido el principio de algo. No lo sabrían exactamente, hasta que alguien interrogara a una de las dos partes.

Después de cotillear un rato sobre el tema y recoger el desayuno. Salieron a ver qué tal estaba la parte de fuera, dependiendo de su estado, haría falta un café más para afrontar la suciedad o no. Para su sorpresa, todo estaba perfectamente limpio. No quedaba nada de basura, ni rastro de los vasos que cayeron al suelo. Todos se pensaron que habían sido Gerard, Rubén y Sara y les dieron las gracias. Pero estos juraron millones de veces que ellos no habían sido. Estuvieron otro rato discutiendo sobre la viabilidad de que se hubiera limpiado solo.
-          Es un jardín con auto-cleaning – dijo Rubén entre risas.
Dieron un par de vueltas por el jardín a ver si quedaba algo más que no se hubiera desvanecido. En verdad, miraban atónitos si había alguna pista de que podía haber pasado.
      - ¡Oye, venir aquí! – Se oyó una voz desde el lateral de la casa.
Todos fueron corriendo, quizás era la pista definitiva de que había pasado en aquel extraño jardín. Cuando Sara llegó, estaban todos mirando a la pared. Qué podía haber pasado, qué habría en esa pared que todos miraban tan atónitamente. Cuando se acercó, descubrió que en aquella pared había una puerta.
     - ¿Alguien la había visto antes? Porque yo no. ¡Y no se puede abrir! – Pedro era el que les había gritado desde lo lejos y el que no paraba de empujar y tirar de la puerta.

Yo no la había visto.

-  Ni yo.

Yo tampoco.

-  No me suena para nada.

A mí no me miréis.  – Fueron afirmando uno a uno los demás allí presentes.

-¿Qué coño es esto? ¿Y de donde viene? O sea, a donde lleva. – Decía Carla mientras se iba alejando de la puerta, para tener una mayor panorámica de la casa.

Todos miraban atónitos a la puerta y empezaban las cábalas.

-Yo creo que da a la cocina, pero no puede ser, porque en la cocina no hay ninguna otra puerta – Se atrevió a decir Sara

-  No pero yo creo que es del salón – Le replicó Pedro

-  Ya pero es que en ningún lado hemos visto una puerta más.

Marta se fue, entró en la casa. Los demás seguían pensando a que parte de la casa podía pertenecer la susodicha. E intentaban vanamente abrirla.

Era una puerta de madera oscura, como la de las entradas a las casas. Tenía un picaporte, pero ningún hueco para meter unas llaves, tampoco había mirilla. Simplemente era marrón oscura con rectángulos grandes, como la que puede haber en cualquier casa. Intentaron buscar algo para hacer palanca y que se abriera, pero nada. Intentaron empujar y tirar más de uno a la vez, ningún resultado. Intentaron, entre risas, darle patadas como en las películas, pero salvo algún que otro dolorido, no paso absolutamente nada. La puerta seguía ahí, de pie, intacta y llena de misterio.

Al poco rato, salió Marta de la casa corriendo, le seguía Xavi que ya se había levantado.

No es de ninguna parte, es decir, he mirado todas las paredes de la planta baja y ninguna tiene una puerta o algo así. Asique o no da a nada, es decir, da a una pared o no tengo ni idea de a dónde va.

¿Y si da a unas escaleras que vayan al garaje o al sótano? – Soltó Xavi

Todos salieron corriendo al garaje, y tras investigar mucho, no encontraron nada que pudiera ser una pared o algo parecido. Todos estaban atónitos. Le contaron lo sucedido a Anna y Jordi, cuando estos se levantaron. No paraban las teorías de la puerta. Muchas eran graciosas, para lidiar con la tensión, mientras que otras eran dignas de una novela de Ágata Christie.  Y no solo eso, si no que de vez en cuando uno o un par de ellos, salían de la casa a probar otra de sus ideas de cómo abrir la dichosa puerta. Poco a poco fueron desistiendo, aunque todos tenían en sus cabezas el runrún de la puerta.

Es la puerta de Narnia, en verdad es la del armario” Pedro
“No lleva a ningún lado, esta tapiada, pero la dejaron para despistar a los ladrones” Jordi
“Es la puerta mágica de Doraemon, tenemos que buscar la otra para que funcionen” Carla
“Yo creo que da a una habitación secreta en la que guardan los cadáveres y las drogas una organización de mafiosos” Anna
“Da a unas escaleras que te dirigen al sótano, a un cuarto totalmente aislado y ahí está encerrada la persona que vivía antiguamente en la casa” Gerard
“Yo creo que es una ilusión óptica” Pedro
“Yo creo que es una puerta que da a una habitación también, pero no se que puede haber pasado en esa habitación” Marta
“Es una habitación que han tapiado, asique no podremos saberlo nunca” Rubén
“Yo creo que da a unas escaleras al sótano, pero que luego quitaron las escaleras o la tapiaron o algo así y por eso no vemos el final” Sara
“Es una puerta astral oculta” Gerard

Cuando se les acabaron las ideas para las posibles teorías, volvieron a estar todos desperdigados por la casa. Xavi estaba encerrado en su cuarto como casi siempre. Anna estaba con Pedro y con Carla en su habitación hablando de lo que todos nos pensamos. Jordi estaba en la cocina, haciendo una paella para todos, con Gerard y Marta. Rubén andaba por la casa desperdigado recogiendo sus cosas y poniendo lavadoras. Anna estaba fuera en la terraza, barriendo lo que no estaba sucio.

Desistió al poco rato, eso estaba más limpio que la patena, era inútil seguir limpiando algo que no tiene suciedad. Se sentó en una de las mesas de la barbacoa y siguió pensando en los misterios del día. Una puerta tapiada y un jardín auto-limpiable, a lo mejor era una casa inteligente y la puerta lleva a los circuitos de la casa. Esbozó una sonrisa. No se le ocurrían más teorías sobre la puerta, ni el jardín, ni nada.  Entre que le dolía un poco la cabeza y que todo superaba a su pequeña cordura, era hora de desistir.

¿Qué haces tú aquí sola? – Alguien dijo por detrás

-¡Me has asustado, Gerard! – dijo mientras se volvía a poner bien en el banco después del bote que había pegado – está limpiando un poco esto, pero es imposible, me rindo. No entiendo que ha pasado aquí, pero esta todo como los chorros del oro.

Ya… no se, ha sido una mañanita rara, entre el jardín y la puerta. A lo mejor lo limpiamos anoche y no nos acordamos, o lo ha hecho Xavi o cualquier otro y no lo quiere decir. No sé.

-Ya… yo tampoco lo sé, pero ¿y lo de la puerta?, que me dices de eso.

No creo que haya que darle mucha importancia, en una casa de mis abuelos había una puerta en una de las paredes del segundo piso, se veía por fuera. Mis primos y yo hicimos muchas cávalas sobre que podía ser – Se encendió un cigarrillo – Y un día descubrimos que era una puerta que daba al antiguo granero, no había nada. Mi abuela nos contó que desde allí tiraban la paja y esas cosas y alguien las recogía abajo. Muchas veces le damos más vueltas a las cosas de lo que realmente son. ¿Te da miedo o qué? ¿Saldrán por ahí los monstruos de medianoche? – Terminó riéndose

No, idiota – Sonrió ella también – Pero es interesante ¿No? ¡Es una puerta en una pared sin destino! Al menos puede ser entretenida.

-  Si bueno, tampoco hay que rallarse con esto, si no llamamos a la agencia o al casero y nos enteramos. Tampoco es plan de quedarse sin dormir por una maldita puerta – Los dos se miraron con gesto de aprobación – Oye, aparte de esto, quería hablar contigo.

-  Uff, odio esas palabras “tengo que hablar contigo”, no hay frase en el mundo que suene peor – El se echo a reír

-  No es nada, es simplemente, que quería decirte que me lo pase ayer genial con vosotros. Que con Rubén ya me llevo muy bien, me paso el día entero a su lado. Pero tenía una visión muy diferente de ti.

¿A si? ¿Y qué versión mía tenías?

-Pues te tenía como alguien súper tímido, como mojigata ¿Sabes? No fumo, no salgo de fiesta, me porto bien todo el día, soy súper buena persona. – Se echo a reír

Sara puso cara de indignación.

-  ¡E! Pero no te enfades, todo de buen rollo. Es un claro ejemplo de que no puedes juzgar a una persona por su primera impresión. Seguro que tú también me veías algo diferente y te has dado cuenta de que no.

¡Qué va! Yo sigo pensando que eres un Mario Casas, voy de duro todo el día, fumando y haciéndome el malote – dijo ella picándole.

Los dos se empezaron a reír y a picarse mutuamente. Estuvieron un buen rato allí sentados, lanzando piropos irónicos el uno al otro y chinchándose constantemente. Pronto se unió Carla a la conversación, que se volvió normal de nuevo. Carla les contó que Anna pretendía seguir con aquella relación, que aunque no había hablado con Jordi, le gustaba mucho ese chico. Que era una pequeña locura, ya que no se conocían casi. Quería conocerle mejor y que sentía algo por él. Pero tampoco debía hacerse ilusiones, puesto que no tenía mucha idea de lo que Jordi podría pensar de todo esto.

-   Chicos, a comer – Se asomó Marta

Verdaderamente Jordi podía ser todo un chef, la paella estaba buenísima y comieron todos hasta reventar. Hablaron de muchas cosas relacionadas con la barbacoa de la otra noche y los descubrimientos de la mañana. También cotillearon un poco sobre la gente de la fiesta, de la casa y  muchas más cosas. Al terminar de comer a Sara, Rubén y Anna les tocaba limpiar. Unos cuantos se sentaron en el sofá, mientras que otros se fueron a sus respectivas habitaciones a echarse la siesta.
Cuando todo estuvo limpísimo, Sara se fue a su habitación. Se puso los cascos, la primer canción que sonó era Demons de Imagine Dragons, se puso a tararearla y hacer unos bocetos en un papel. Cuando se quiso dar cuenta, estaba totalmente sumergida en su mundo, escuchando música y dibujando un paisaje precioso, un tanto abstracto. Sonrió y siguió allí quieta. Mientras tanto, en otra habitación uno de sus compañeros estaba inmerso en sus pensamientos,  cantando la misma canción.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Dulce introducción al caos. Capitulo 2

Poco a poco se fueron normalizando las cosas en la casa. Se iba pareciendo más a un hogar. Se conocían un poquito mejor a medida que el reloj avanzaba, buscaban cualquier excusa para poder empezar una conversación con cualquier miembro que formaba parte de aquella familia.

Habían empezado cada uno sus respectivas clases, algunos ya empezaban con trabajos que exigían muchas horas. Pero aún así, no dejaban escapar ni un segundo para pasarlo bien. Ese sábado, habían organizado una súper barbacoa, estaba todo el mundo invitado. Querían hacer la mayor fiesta que se hubiera visto jamás. Habían juntado entre todos los asistentes, el dinero suficiente para comprar cosas para todos: bebidas, carne, dulces, patatas.... Todo lo necesario. Habían colocado un montón de mesas en el patio, habían contado unas treinta personas, iba a ser una locura. Muchas veces se miraban pensando lo desastroso que iba a ser eso, se iba a desmadrar demasiado. Esperaban que la gente a la que acababan de conocer, no fuera muy bruta, muy loca y que no se fuera todo al garete.

A las doce de la tarde empezó a llegar la gente, algunos trajeron más barbacoas, ya que con la de Jordi no era suficiente. Otros trajeron hielos, algunos se iban sentando y entablando conversaciones, mientras que otros empezaban a cocinar. Anna y Carla estaban haciendo una mega ensalada, mientras que Gerard, Marta, Jordi y otros, estaban pendientes de la carne. Sara estaba en la cocina con Rubén, poniendo patatas fritas y demás tonterías en boles de plástico. Todos estaban ocupadísimos en sus cosas.

- ¿Bueno qué opinas de todo esto? - Dijo él.
- La verdad es que me parece que se va a desmadrar todo un poco... quizás nos hayamos pasado.
- No me refiero a eso, eres de las pocas de la casa con la que no he tenido un rato a solas - Sara hizo un repaso rápido, y era verdad - ¿Qué te parece la casa, la gente... no se todas esas cosas?
- Aaaa... bueno... La verdad es que... se está genial, hay gente que aun no conozco del todo. En general todo va muy bien, no sé, me gusta mucho estar aquí. Tampoco sé que más contarte. Es que hay gente con la que todavía no termino de congeniar, si, podríamos decirlo así.
- Si, ya sé a quién te refieres...
- Sí, bueno... - Los dos se miraron muy cómplices. - Y tú, ¿Como lo llevas?
Se hizo un momento de silencio
- Bueno, como siempre dicen, los tíos somos más simples - dijo él sonriendo.
- ... ¿Y eso que tiene que ver? - dijo ella, sonriendo pero extrañada.
- Estoy bien, a gusto, cómodo y ya, no me paro a pensar en los detalles, simplemente disfruto. Aunque, como bien has dicho, hay gente con la que es difícil de... congeniar.

Los dos se miraron. Siguieron con su tarea, mientras iban hablando, sin mojarse demasiado, ya que aún faltaba confianza, pero contándose muchas cosas. Contaron los posibles cotilleos que podía haber un futuro en la casa, entre quienes había "tensión" de esa, ninguno de los dos opinaba lo mismo. Pero, se echaron unas risas. Rubén, era de las personas con las que menos había hablado, pero no por nada en especial, simplemente no se había dado la ocasión.

Ya tenían casi todo preparado, la gente no paraba de llegar, ni entraban en la casa, iban directamente al jardín. La gente empezó a comer y a beber, todo fue muy normal. Charlaban, algunos amigos se reencontraban y se preguntaban cómo era posible que el mundo fuera tan pequeño. La comida iba descendiendo a un ritmo sorprendente, y las risas aumentando al unísono. En realidad, aun no había indicios de que nada malo fuera a pasar. Gerard, Carla, Marta, Jordi y Xavi, estaban sentados en una mesa hablando y picando de las cosas que había por ahí. Anna estaba coqueteando con un macizo de la clase de Gerard y Rubén... creo. Pedro estaba en una esquina, con unos cuantos... comiéndose un bocata como dirían en "Como conocí a vuestra madre". Mientras que Rubén, estaba hablando con otros. Sara, acababa de salir de la casa, había ido a buscar más bebidas. Se sentó en la mesa con sus otros cinco compañeros de su universidad, y estaban hablando de cosas de fotografía, que tipo les gustaba más, cuál era el que menos, que opinaban de la historia de la fotografía, no se cosas así. Se enseñaban fotos que habían hecho cada uno de ellos.

La noche fue cayendo y aunque ya no quedaba casi nada que llevarse al estomago, la gente se lo seguía pasando genial. Llevaban un par de semanas ya conviviendo juntos y seguían descubriendo cosas súper interesantes de los demás.  Habían hecho nuevos amigos y no había habido ningún altercado digno de mencionar. La gente bebía pero no había nadie extremadamente borracho, todo el mundo simplemente se lo estaba pasando bien. No sabían si finalmente se sembraría el caos a medida que la noche pasara, pero por ahora estaban todos muy contentos y disfrutando del momento.  Había gente por todos lados del jardín y de la entrada, el interior de la casa estaba completamente vacío, por lo que no habría nada que reparar o volver a comprar nada.

Sara estaba sentada en una mesa hablando con unos amigos de la clase, cuando llego Marta y se sentó a su lado. Sara y Marta se habían hecho muy amigas en poco tiempo, al compartir habitación compartían muchas cosas.  Marta empezó a contarle muchas cosas sobre la noche, resultaba que un amigo de no sé quien era amigo suyo, y que otro había intentado ligar con ella, no paraba de hablar. Anna y Jordi se habían liado y Marta creía que eso iba a ser un problema de la casa. Hablaba tan rápido que era casi imposible entenderla. Sara intentaba hablar con ella, preguntarle cómo habían pasado las cosas, pero no le daba tiempo a terminar las frases antes de que ella ya le estuviera contando otra cosa totalmente diferente. Era mucha información muy rápido, como para ser capaz de asumirlas. La música iba aumentando de volumen a medida que pasaba la noche, sonó la canción de Titanium de David Guetta y  Marta arrastró a Sara hasta donde estaba todo el mundo bailando. Era una canción que a las dos les gustaba mucho, asique se pusieron en el medio de la pista a cantar y a bailar como si no hubiera mañana. La gente a su alrededor cantaba, o más bien chillaba, tanto como ellas.  

La gente estaba muy cómoda, unos cuantos estaban sentados en la mesa hablando. Otros cuantos estaban en el jardín bailando como en una discoteca, había gente esparcida por todo el jardín. No sabían exactamente donde estaban cada uno de los compañeros de la casa, pero les veían pasar de vez en cuando, con lo cual todo iba bien. Nadie se había rajado todavía, seguían los mismos que al principio. No había nadie sentado con cara larga, si no que todos estaban en su salsa. Habían conocido a mucha gente nueva y hecho muy buenos amigos, también había surgido algún que otro romance esporádico. Sara seguía bailando con Marta cuando Gerard y Rubén se acercaron a bailar con ellas. Aparecían diferentes canciones de un modo muy random, es decir, habían hecho una lista con canciones que les gustaban a todos, por lo que salían de todo tipo, indie, pop, rock… La mayoría de las canciones eran muy conocidas, había gente que cuando sonaba una canción que les gustaba, se ponían de pie y la bailaban, o simplemente se dedicaban a cantarla a grito pelado desde donde estuvieran. Era muy divertido ver el panorama que estaba ahí generado. Sara quería otra copa y Gerard se ofreció a acompañarla, ya que su vaso también estaba vacío.

- ¿Qué tal te lo estas pasando? - Le pregunto Sara a Gerard
- Muy bien, la verdad, no me esperaba que fuera todo tan "tranquilo"- Los dos se rieron. - ¿Qué tomas?
- Ron con CocaCola, por favor. - Gerard sirvió las dos copas y le dio a Sara la suya. 

En vez de volver a la pista de baile, se quedaron ahí hablando. Gerard le contó que le gustaban mucho hacer senderismo, le encantaba la montaña, hacia Snow y se iba siempre que podía de camping. Sara le dijo que a ella también le gustaba ir a la montaña, aunque puestos a preferir, prefería ir a la playa. También le contó que el sueño de su vida era viajar por todo el mundo, quería poder conocer a todas las culturas existentes, pero lo que más le llamaba la atención era América del Sur. No os puedo decir con exactitud cuánto tiempo, simplemente compartieron opiniones, ideas y muchas otras de esas cosas que se hacen al conocerse. 

-         Volvemos a la pista de baile – le dijo Gerard
-         ¡Vale!
Volvieron a la pista de baile y se habían juntado unos cuantos más compañeros al grupito que ya habían empezado. Seguían con la misma cantinela. Poco a poco, a medida que pasaba la medianoche, iba desapareciendo la gente. Pasaron de la pista de baile a sentarse a una mesa. Bajaron la música ya que todo el mundo estaba demasiado cansado como para seguir bailando. Siguieron hablando de millones de cosas, aunque las conversaciones iban bajando de intelectuales a medida que el porcentaje de alcohol en vena iba subiendo. Ya no era conocer a los demás,  derivó a quien contaba la anécdota más graciosa o a quien le había pasado la cosa más embarazosa. A medida que la gente se iba, los demás se iban compilando. Se terminaron juntando todos en la misma mesa, y decidieron empezar a jugar al típico “yo nunca he”, en el que descubrieron cosas demasiado intimas de cada uno de ellos, y más que una chorrada.

Pronto se acabó la diversión, algunos de la casa como Pedro, Jordi, Anna y Xavi, habían recogido un poco y se había ido a dormir, o al menos eso habían dicho. A las seis y media de la mañana, todo el mundo había desaparecido. Se pusieron a recoger un poco, ya que no tenían mucho sueño. La verdad es que la gente se había comportado, solo había que tirar un par de platos de plástico y fregar unas cuantas cosas. La gente había ido dejando las cosas en las papeleras que habían puesto. Al fin y al cabo, los de proyect X no existían en la realidad. Carla fue la primera en rendirse, seguida de Marta. Los que se quedaron, es decir, Gerard, Rubén y Sara, se subieron al ático a ver el amanecer. Se sentaron en unas tumbonas, hablaban de cosas más filosóficas que de costumbre, del universo, de la vida, de la felicidad, conversaciones de gente que está un poco tocada. Y por arte de magia, el sol empezó a salir. Siempre es bonito ver el amanecer, raramente coinciden dos iguales. Diferentes tonalidades, colores, líneas en el cielo. Esa vez era naranja, muy fuerte, con rasgos más claritos producidos por las nubes, era muy especial. El primer amanecer que veían desde esa casa. Se miraron los tres, siempre el amanecer indica el principio de un nuevo día, de una nueva vida, de algo que está a punto de comenzar.

Sara llegó a su habitación, no quería hacer mucho ruido, se puso rápidamente el pijama y se tumbo en su cama. Por la persiana podía ver los resquicios de ese amanecer tan bonito que había podido disfrutar con dos compañeros, que presagiaban convertirse en grandes amistades. Se puso a pensar como siempre antes de dormir, en el día, en lo que había aprendido en ese noche de los demás. De lo que podía pasar con Jordi y Anna, podía ser genial o terminar en gran catástrofe. No habían enviado ninguna señal de que el uno le gustaba al otro, y viceversa. Aunque… ahora que lo pensaba, en su conversación con Rubén el ya se lo había presagiado. Él y Gerard eran muy majos, se lo pasaban bien juntos. Bueno, era hora de dormir. Mañana sería otro día.


martes, 26 de noviembre de 2013

Dulce introducción al caos. Capitulo 1.

                     Bienvenida


             Pasaron las seis horas más largas de su vida, conduciendo, con la música a todo trapo, escuchando ese CD que había hecho semanas antes con sus amigas. E imaginándose cómo sería su nueva vida. Cada dos por tres, el coche emitía un ruidito muy extraño, durante las primeras dos horas, paraba a ver qué pasaba, pero después se dio cuenta de que los años no pasan en balde, ni siquiera para un coche. Cantando como una posesa, iba por la carretera, se fijaba en el paisaje, en los animales que había por ahí, he incluso hizo una foto cuando paso por el meridiano de Greenwich. Fue un viaje de lo más extraño, porque, de vez en cuando le entraba el pavor de cambiar de vida, de los “ysis”, ¿Y si salía todo mal? ¿Y si la carrera al final no le gustaba? ¿Y si no se llevaba bien con sus compañeros de casa? ¿Y si…? ¿Y si…? Siempre hay tantos como capaz sea tu imaginación de inventar. 
                Por fin llegó a la casa, en la puerta estaban dos de sus futuros compañeros esperando. La chica era rubia, guapísima y súper estilosa. Él, en cambio, tenía pinta de macarilla, con una camiseta ancha y fumándose un cigarrillo. ¿Por qué no habían entrado en la casa? Decidió buscar aparcamiento hasta que le abrieran el garaje para meter el coche.  Dio varias vueltas antes de tener un hueco, cada vez que pasaba por delante de la casa, veía como sus dos futuros compañeros se acercaban más, parecía que cada vez era menos incomodo conocer a la otra persona. No quería tardar demasiado en salir de aquel coche, si no tendrían que empezar de cero otra vez los tres. Cuando consiguió aparcar, se quedó un rato en el coche, esperando tranquilizarse para que no se le notaran demasiado los nervios, escuchando su canción favorita y mentalizándose de que todos iban igual que ella, nadie conocía a nadie más allá de lo poco que habían podido cotillear por Facebook y lo poco que habían hablado. Decidió salir, habiéndose hecho un repaso al maquillaje antes de abrir la puerta, cogió su bolso y dejó todo lo demás en el coche.
                Se aproximó a la casa, notaba como el nudo en su estómago se iba haciendo más grande, los latidos del corazón se iban haciendo más notables y poco a poco iba dudando hasta de las palabras que podían salir de su boca, algo tan simple como un: “Hola, soy Sara” le parecían lo más patético que existía en la tierra, aunque fuera lo más normal del mundo. ¿Les daría dos besos? ¿Nada? ¿La mano? No sabía exactamente qué hacer.  Abrió la verja, la casa era grande, más grande de lo que parecía en fotos. Solo una planta. El jardín por el que iba andando parecía cada vez más descuidado, como si a nadie le importara las pobres plantas que habitaban allí. La pintura de la fachada estaba descascarillada, el paso de los años habían tenido el mismo efecto que en su pequeño cochecito. A medida que se iba acercando, la mirada de las dos personas sentadas en el porche se les iba haciendo más incómoda, más intensa, más intrigante.
-         - Hola, soy Sara – dijo con la voz firmemente temblorosa.
-        -  Yo soy Gerard
-          - Y yo Anna – dijo ella casi sin mirarla, simplemente fijándose en las pintas que llevaba. 
Los dos se levantaron y procedieron a darse los dos besos de cortesía. Nunca se había sentido cómoda con ese saludo. Si los das muy lejos de la cara pareces una repipi repelente, pero en cambio si los haces directamente en la cara, a la otra persona le produce una sensación de incomodidad muy grande.  Por lo que se limitaba a juntar las mejillas y lanzar un beso al aire, a nadie. Gracias a los nombres pudo averiguar un poco más quienes eran, Gerard iba a estudiar multimedia, mientras que Anna estudiaría moda. 
-          - ¿Por qué no entráis?
-         -  El casero no ha llegado, ni siquiera ha dejado unas llaves, llevamos un rato rebuscando y no encontramos nada, hemos llamado a la agencia y han dicho que enseguida nos dirían algo – contestó Gerard. 
Y ahí se quedaron los tres, sentados en aquellas escaleras que introducían al porche, hablando de nada pero conociéndose un poco más. Conversaciones sobre el tiempo, las flores, que podrían hacer con aquel jardín, que podían añadir a los muebles de la casa, que muebles se habían traído, si pensaban hacer una excursión al Ikea y demás conversaciones que no tenían casi ningún sentido la una con las otras. Simplemente dejando el tiempo pasar, sin que ocurrieran silencios de esos que llaman incómodos. Gerard había traído una televisión como anunció en Facebook, mientras que Anna aportaba unas cuantas sartenes. Sara traía un viejo equipo de música, que aunque tenía ya sus años, se oía perfectamente desde el otro extremo de la calle. Y así paso media hora, afianzando las promesas que había hecho por una red social, asegurándose de que cada uno había cumplido su palabra. 
De pronto aparecieron otros dos chicos más. Se presentaron como Rubén y Pedro. Rubén iba a estudiar lo mismo que Gerard, mientras que Pedro estudiaría aeronáuticas.  Venían juntos porque vivían en dos pueblos cerca, asique se ahorrarían un viaje yendo juntos y así comenzarían a saber un poco más el uno del otro. Preguntaron lo mismo que Sara al llegar y Gerard les dio la misma explicación, asique se sentaron. Rubén ofreció cigarrillos a todos y finalmente volvieron a tocar los mismos temas de conversación. A medida que avanzaban en la conversación aparecía un compañero más, primero llegó Carla, estudiaría moda también, pero en otra escuela. Después Xavi, exhausto, el estudiaría óptica. A los pocos segundos Jordi, diseño gráfico. Y por último Marta, venía tan cargada que todos salieron corriendo a ayudarla. Roja como un tomate dio las gracias, ella estudiaría industriales. Sara y Marta iban a ser compañeras de cuarto, como Anna y Carla, Gerard y Rubén y Jordi y Pedro. Xavi, se había ofrecido a pagar un poco más con tal de estar solo y ninguno se lo reprochó. Se quedaron los nueve ahí sentados un buen rato más. Habrían pasado dos horas desde que llegó Sara y por muchas llamadas que hicieron, siempre les decían que esperaran un poquito más, manteniendo las mismas conversaciones una y otra vez. 
Cuando ya estaban hartos de esperar, cansados y deseando ver su nuevo hogar. Un coche negro, muy grande, casi tanto como una limusina, se paró en la puerta. Los nueve se miraron anonadados. Salió una chica joven, con un vestido negro, del interior. Llevaba una cajita en las manos y unas gafas de sol que le cubrían casi toda la cara. Andaba elegantemente, como si estuviera totalmente acostumbrada a volar con tacones. Abrió con gracilidad la verja y se aproximo a ellos, que por fin habían conseguido sacar a relucir el silencio. 
-          - Hola – sin ningún interés por llegar a conocerlos un poquito más – aquí tenéis las llaves. Espero que sepáis encontrar todo lo que necesitéis. 
Y sin dar tiempo a presentaciones, preguntas o quejas, se marcho mucho más rápido de lo que había llegado. Le entregó la caja a Xavi que la abrió y repartió un juego a cada uno. Jordi se propuso ser el primero en abrir la puerta. El silencio se mantenía mientras introducían las llaves en la cerradura. Todos estaban atónitos con lo que acababa de pasar, y a cada uno se le ocurría una historia diferente en su mente para dar una explicación a la situación, pero sin atreverse a decirla en alto por si los demás pensaban que era una estupidez.

Todo estaba oscuro, no sabían dónde estaban exactamente las luces. Seguían en un continuo silencio. Estaban intrigados por ver su nueva casa al real, no en fotografías, pero a la vez estaban preocupados por lo que les esperaba ahí dentro. Tardaron un par de minutos en encontrar los fusibles, ninguno de ellos hablaba, pero la tensión con el entorno en el que se encontraban, tenía voz propia.  En cuanto se encendieron las luces, todos estaban posicionados estratégicamente, así podrían acaparar el máximo espacio, la máxima información posible en un primer vistazo.
          La casa era muy amplia, una sola planta, pero muy bien distribuida. Lo primero que vio Sara, era el salón. Había tres grandes sofás negros en forma de U, con una mesa pequeña en el centro. Una gran pantalla de televisión, una PlayStation, y muchos demás gadgets y cosas electrónicas que ni si quiera sabían para qué servían. La casa era muy moderna, todo estaba renovado, se podría decir que la había rehecho de cero hace poco. Aun así, muchas cosas no concordaban. ¿Por qué ponía que no estaba casi amueblada en el anuncio de Internet, cuando era mucho mejor que las casas de los integrantes? ¿De verdad iban a pagar tan poco de alquiler por aquella casa? Era todo muy desconcertante. Ninguno formuló aquellas preguntas en voz alta, aunque todos se las cuestionaban para sí mismos. Se centraron en mirarse los unos a los otros y observar con detenimiento hasta el más mínimo detalle de toda aquella sala. El silencio que reinaba anteriormente, había cambiando de forma, de color, ahora ya no era de intriga, si no de fascinación.      
 - Bueno, parece que vamos a vivir como reyes. - Xavi, atreviéndose a romper el silencio.
- No si la casa mola - le contesto Jordi con los ojos como platos.
- A mi todo esto me parece un poco raro - se oyó una voz en el fondo, con miedo, creo que venía de Marta.
- Pues a mí me encanta - Dijo Gerad mientras se lanzaba a uno de los sofás
         Todos se rieron, después de esa hazaña. Cuando apaciguaron un poco las risas emprendieron "la investigación". Se pusieron a andar cada uno a su bola, solo se cruzaban palabras cuando dos de ellos se topaban por los pasillos. Sara no encontraba palabras para describir la casa, era todo tan increíble, digno de cualquier famoso. ¿Por qué alguien se habría molestado tanto en decorar algo así, para alquilarla a estudiantes? De todas formas, estos pensamientos no iban a ocupar mucho en su cabeza, estaba mucho más centrada en encontrar su cuarto. Oyó como la llamaban desde el fondo de la casa, se dirigió allí lo más deprisa que pudo, aunque no quería mostrar desesperación tampoco.
         Al llegar, Marta estaba sentada en una de las camas. "Este será nuestra habitación" dijo muy emocionada. Sara hecho un rápido vistazo, dos armarios enormes se imponían en el medio de la habitación, con dos camas individuales a cada lado. Dos escritorios contiguos se situaban debajo de uno de los grandes ventanales que iluminaban toda la habitación. La otra ventana estaba justo encima de la pared de enfrente, encima de una de las camas. Un sitio al que no le costaría acostumbrarse. Miró a Marta y esta le sonrió.
- Te importa si me quedo esta cama, no me gusta estar tan cerca de la ventana - Mientras pronunciaba esta frase puso cara angelical, ya sabéis esa cara que ponemos todos cuando queremos pretender ser buenas personas.
- Claro que no, al contrario, me encanta dormir debajo de la ventana. 
         Dejo el bolso encima de la cama y dio un rápido vistazo más a la habitación. Aunque el armario no le dejaba ver la cama de Marta, le ofrecía un poco de intimidad, por lo que era perfecto. Además, solo había puerta en la mitad que estaba alejada de la pared, la otra mitad era totalmente lisa, podía poner ahí sus fotografías. Y las vistas desde la ventana tampoco dejaban que desear, se veía la mayoría de la ciudad y al fondo una montaña. Le gustaba mucho su pequeño trozo de intimidad.
         Bajó a por sus cosas, por el camino se encontró con alguno de sus compañeros que había empezado a decorar su trocito mucho antes que ella. Tuvo que hacer cinco viajes en total, traía muchas cosas. Los cogía del coche y los dejaba en la habitación de cualquier forma, luego ya se preocuparía de colocarlos. A medida que iba y venía, se iba encontrando con menos personas por los pasillos, cada vez que esto ocurría, esbozaba una pequeña sonrisa.  Por fin, terminó de transportar todas las cosas. Se sentó en la cama y le entró mucha pereza al pensar que ahora tocaba colocarlas todas en su sitio. ¿Dónde colocaría cada una? Tenía que diseñar bien el espacio estratégicamente para que todo encajara perfectamente en su rincón.
         Mientras estaba sumergida en su mundo, entró Rubén, llamando a la puerta previamente, como buen caballero. Le indicó que iban a ver el garaje para ver como aparcaban los coches que habían traído. Sara se apresuró, cogió las llaves de su cochecito y bajó con él. Siguiendo la misma línea de la casa, el aparcamiento no dejaba nada que desear, es decir, era enorme. Tenía sitio para cinco coches. Parecía un aparcamiento de un gran supermercado.Decidieron que coche iba en cada plaza, priorizando aquellos que lo fueran a utilizar más. A Sara le tocó de las últimas plazas, ya que su universidad estaba al lado de la casa y no iba a ir a ver a sus padres en mucho tiempo. 
         No tardó mucho en dejar en buen recaudo a su cochecito, y había comenzado a ordenar la mayoría de sus cosas. Cenarían todos juntos, pedirían unas pizzas y así descansarían un poco de limpiar y ordenar cosas. Prosciutto, barbacoa, cuatro quesos, carbonara y jamón y queso, encima de la mesa del salón, casi todos estaban ya sentados alrededor de ella, ansiosos por comer un trozo. Cuando al final llegaron todos al olor de la receta italiana, se abalanzaron a devorar la comida. Los primeros minutos nadie dijo ni una sola palabra, el hambre se las comía todas.
         Poco a poco fueron saliendo conversaciones, hablaron de cómo habían colocado sus habitaciones, de anécdotas de su infancia, de porqué eligieron estudiar lo que harían, de que podían hacer este fin de semana que les quedaba antes de empezar las clases. Entre frase y frase, la cantidad de pizza que había sobre la mesa, disminuía notablemente. Se reían con las diferentes anécdotas, se ponían serios cuando tocaba, la conversación fluía, y como dirían los profesores, progresaba adecuadamente. Aprendió muchas cosas de cada uno de ellos:
Anna: Era una chica muy superficial a la que le encantaba la moda, iba siempre conjuntadisima. Casi no se reía de las cosas que decían los demás compañeros. Tenía una mirada fría y superficial. Todavía no había encontrado algo en ella que le transmitiera simpatía o amabilidad. Le desconcertaba bastante.
Carla: Era muy parecida a Anna, le encantaba la moda. Vestían muy parecido, dignas de la pasarela Cibeles. Pero ella si se reía de todas las gracias o anécdotas cómicas que contaban sus compañeros, además venía de una familia muy humilde. Ya había encontrado un trabajo aquí para ayudar económicamente a su familia. Era muy divertida y abierta, contó muchos detalles que eran totalmente esenciales pero que hicieron dar una imagen de ella mucho mejor.
Marta: Era su compañera de habitación y ya había descubierto algunas cosas sobre ella. Parecía una chica muy creativa, había decorado su habitación de dibujos hechos por ella. Era muy simpática aunque un poco reservada, casi no había hablado en toda la noche, se limitaba a escuchar lo que los demás decían y corresponderles. De vez en cuando, anotaba algún apunte a la conversación pero sin mucha relevancia. No podría describiros mucho de ella con tan solo aquella noche.
Gerard: Igual que Marta no había hablado mucho durante la noche. Había conseguido también un trabajo ya. Se le veía responsable. De lo poco que había contado podríamos deducir que era un chico muy humilde. No os puedo contar mucho más de él, simplemente que tenía el pelo castaño y los ojos marrones, que se sentaba en una postura muy rara y que fumaba.
Rubén: El compañero de habitación de Gerard, era el que más había hablado durante la noche. Era un chico muy, muy divertido, contaba un montón de anécdotas de su vida. Le encantaba el fútbol, avisó de que se enfadaba mucho si su equipo no ganaba (muchos chicos respaldaron esta afirmación). También comentó que le gustaba la comida oriental e hizo bastantes chistes. Parecía una persona con la que te podías reír mucho y con el que pasar un buen rato. Aunque parecía un poco despistado, cambiaba de historia cada dos por tres, en cuanto se le presentaba la oportunidad.
Jordi: El único realmente rubio de la casa, no le desagradó para nada. Tenía un punto muy interesante, siempre dejaba las historias a medias, o no contaba un detalle lo suficientemente relevante pero que sabías que ahí se ocultaba algo. Fumaba y estaba un poco intimidado por la situación.
Pedro: Era un chulito, totalmente. Aun así era muy divertido aunque se hacía el duro. No hacía más que contar cosas que le engrandecían. Pero aun así, no tenía tan mala pinta. Era muy guapo, normal que se lo creyera tanto. Haría una pareja perfecta con Anna si no fuera porque era el único de la casa que tenía novia. No dejaba de fanfarronear de ella, de lo guapa y lista que era, de que había entrado en medicina. 
Xavi: Aunque parecía el más rarito de todos, no era tan extraño como parecía. En verdad era muy simpático y amable. Solo contaba anécdotas de videojuegos y demás. Le encantaban todas esas cosas. Se le podría encasillar en el prototipo de “frikis”, pero al fin y al cabo todos somos frikis de algo. Estuvo todo el rato mirando por los demás, que si a alguien le faltaba una servilleta, que si buscaban un vaso de agua… le pareció de lo más encantador.
         En resumen, la primera imagen de todos ellos no le pareció muy desagradable. Terminaron la charla a las dos de la mañana. Decidieron que al día siguiente irían a la compra y muchas otras tareas de la casa. Sara subió a su habitación, apartó un poco las cosas de la cama y cayó rendida.