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miércoles, 27 de febrero de 2013

La rosa roja


     Recuerdo perfectamente su sonrisa, sus ojos, su mirada y su extraño pelo. Me acuerdo perfectamente de como cada mañana me dejaba el desayuno preparado con sus rosas correspondientes. Como cuando me levantaba, él ya no estaba, pero toda la casa seguía dulcemente apestada del olor de su humilde colonia. Como cada noche me esperaba despierto a que volviera del trabajo, para darme un beso con los ojos entrecerrados y decirme lo mucho que me quería. Recuerdo tantas cosas de él que ya casi ni le recuerdo.

     Lo que sé seguro es que todo ocurrió el día 26 de aquel caluroso Agosto. Disfrutábamos de nuestras merecidas y dulces vacaciones en la playa. Él, como cada mañana, sin perder la costumbre, me preparó mi delicioso desayuno y su decoración. Pero esta vez, él estaba allí para disfrutarlo conmigo. Nos vimos envueltos en un manto de deseo, cariño, pasión y ternura. La mañana siguió de la forma más perfecta que  os podáis imaginar. Sé que el tiempo seguía corriendo, pero creerme que yo intenté pararlo con todas mis fuerzas. Esa mañana, el acompañamiento de mi desayuno, no solo era la persona más perfecta y a la que más amaba del mundo, también contábamos con la presencia de una rosa roja. Una simple flor que brillaba más que todas las de la tienda, según el me contaba. Que tenía algo que nadie sabia que era pero que la hacia infinitamente perfecta.


 No pienso daros detalles de como aquella mañana, la mañana, se convirtió en la más sórdida tarde de todas las que jamás hayan existido nunca. Una llamada de teléfono, una lagrima intencionadamente mal disimulada, una promesa con esperanza, un deseo de regreso antes de partir, un beso casi de despedida, más lágrimas a las que les daba igual ser disimuladas o no, una maleta y un hasta luego. 

Aquella rosa aún no se ha marchitado, sigue esperando un reencuentro mucho más que esperado. Aquí estamos ella  y yo esperando que algún día, esa puerta se abra y poder volver a crear más momentos inigualables. 



 Fotos: MoiElla: Raquel PeinadoIluminación: Bruno Lindo y Paula Campá






miércoles, 29 de diciembre de 2010

Disfraces.

Cada mañana se levanta. Se mira al espejo y se queda un rato largo mirandose al espejo. Mirando fijamente esos ojos azules que solo aparecen cuando esta sola. Despues se dirige al centro de esas cuatro paredes que le han dicho que es su cuarto. Se pone el mismo disfraz que todos los dias, el de una chica humana castaña con los ojos marrones. Se viste y hace su vida como una chica mas en el mundo pero sabe que por dentro, debajo de ese disfraz, se esconde alguien unico y totalmente especial.

Lleva asi 17 años, haciendo ver que es alguien mas pero sintiendo una extraña total. Y de este largo tiempo lleva dos meses que no puede volver por la noche a su planeta, no puede sentirse comoda en ningun sitio, ni siquiera en sus sueños. Porque ni siquiera puede dormir, se pasa lasa noches en vela recordando momentos con el disfraz que parece que se le ha pegado. Parece que su disfraz la ha absorvido y que no la deja escapar. Evadirse de la mentira para llegar a su realidad.