miércoles, 12 de febrero de 2014

Dulce introducción al caos. Cápitulo 3

Se despertó por la mañana, como le gustaban los domingos.  Era ese día en el que casi nadie tenía algo que hacer, y te dedicabas o a hacer deberes (que no era lo que solía hacer) o a simplemente hacer el vago. Benditos domingos. Se quedó un rato en la cama pensando en la noche de ayer. Había resultado ser una noche muy interesante. Todos se lo habían pasado genial y gracias a Dios no había pasado nada fuera de lo normal. Cuando ya había hecho un repaso de todo lo que había sucedido se levantó, se puso las zapatillas y se dispuso a salir de la habitación. Miró a la cama de Marta a ver si esta se había levantado, y efectivamente así era.

Cuando llegó a la cocina, estaban casi todos allí. Solo faltaba Xavi, Anna y Jordi. Se preparó un bol de cereales y se unió a la conversación de los demás. Hablaban de lo que había pasado la noche anterior entre Anna y Jordi ¿Seguirían juntos? ¿Habría sido solo un lío? No sabían muy bien lo que había pasado entre ellos. No había ningún antecedente de que eso podría haber ocurrido. No tonteaban mucho, o no al menos enfrente de ellos. Había muchas teorías, unos decían que el alcohol y la fiesta, y que esto acabaría como una anécdota más que contar. Carla opinaba que sabía que iba a ocurrir, que Anna le hablaba mucho de Jordi y que era normal que se creara tensión, terminó con la frase: “El roce hace el cariño”. Todos se rieron. Y por último estaba la teoría de que podía haber sido una mezcla de las dos cosas, que entre que ya había un poco de cachondeo y el ambiente que se perfumaba, podría haber ocurrido el principio de algo. No lo sabrían exactamente, hasta que alguien interrogara a una de las dos partes.

Después de cotillear un rato sobre el tema y recoger el desayuno. Salieron a ver qué tal estaba la parte de fuera, dependiendo de su estado, haría falta un café más para afrontar la suciedad o no. Para su sorpresa, todo estaba perfectamente limpio. No quedaba nada de basura, ni rastro de los vasos que cayeron al suelo. Todos se pensaron que habían sido Gerard, Rubén y Sara y les dieron las gracias. Pero estos juraron millones de veces que ellos no habían sido. Estuvieron otro rato discutiendo sobre la viabilidad de que se hubiera limpiado solo.
-          Es un jardín con auto-cleaning – dijo Rubén entre risas.
Dieron un par de vueltas por el jardín a ver si quedaba algo más que no se hubiera desvanecido. En verdad, miraban atónitos si había alguna pista de que podía haber pasado.
      - ¡Oye, venir aquí! – Se oyó una voz desde el lateral de la casa.
Todos fueron corriendo, quizás era la pista definitiva de que había pasado en aquel extraño jardín. Cuando Sara llegó, estaban todos mirando a la pared. Qué podía haber pasado, qué habría en esa pared que todos miraban tan atónitamente. Cuando se acercó, descubrió que en aquella pared había una puerta.
     - ¿Alguien la había visto antes? Porque yo no. ¡Y no se puede abrir! – Pedro era el que les había gritado desde lo lejos y el que no paraba de empujar y tirar de la puerta.

Yo no la había visto.

-  Ni yo.

Yo tampoco.

-  No me suena para nada.

A mí no me miréis.  – Fueron afirmando uno a uno los demás allí presentes.

-¿Qué coño es esto? ¿Y de donde viene? O sea, a donde lleva. – Decía Carla mientras se iba alejando de la puerta, para tener una mayor panorámica de la casa.

Todos miraban atónitos a la puerta y empezaban las cábalas.

-Yo creo que da a la cocina, pero no puede ser, porque en la cocina no hay ninguna otra puerta – Se atrevió a decir Sara

-  No pero yo creo que es del salón – Le replicó Pedro

-  Ya pero es que en ningún lado hemos visto una puerta más.

Marta se fue, entró en la casa. Los demás seguían pensando a que parte de la casa podía pertenecer la susodicha. E intentaban vanamente abrirla.

Era una puerta de madera oscura, como la de las entradas a las casas. Tenía un picaporte, pero ningún hueco para meter unas llaves, tampoco había mirilla. Simplemente era marrón oscura con rectángulos grandes, como la que puede haber en cualquier casa. Intentaron buscar algo para hacer palanca y que se abriera, pero nada. Intentaron empujar y tirar más de uno a la vez, ningún resultado. Intentaron, entre risas, darle patadas como en las películas, pero salvo algún que otro dolorido, no paso absolutamente nada. La puerta seguía ahí, de pie, intacta y llena de misterio.

Al poco rato, salió Marta de la casa corriendo, le seguía Xavi que ya se había levantado.

No es de ninguna parte, es decir, he mirado todas las paredes de la planta baja y ninguna tiene una puerta o algo así. Asique o no da a nada, es decir, da a una pared o no tengo ni idea de a dónde va.

¿Y si da a unas escaleras que vayan al garaje o al sótano? – Soltó Xavi

Todos salieron corriendo al garaje, y tras investigar mucho, no encontraron nada que pudiera ser una pared o algo parecido. Todos estaban atónitos. Le contaron lo sucedido a Anna y Jordi, cuando estos se levantaron. No paraban las teorías de la puerta. Muchas eran graciosas, para lidiar con la tensión, mientras que otras eran dignas de una novela de Ágata Christie.  Y no solo eso, si no que de vez en cuando uno o un par de ellos, salían de la casa a probar otra de sus ideas de cómo abrir la dichosa puerta. Poco a poco fueron desistiendo, aunque todos tenían en sus cabezas el runrún de la puerta.

Es la puerta de Narnia, en verdad es la del armario” Pedro
“No lleva a ningún lado, esta tapiada, pero la dejaron para despistar a los ladrones” Jordi
“Es la puerta mágica de Doraemon, tenemos que buscar la otra para que funcionen” Carla
“Yo creo que da a una habitación secreta en la que guardan los cadáveres y las drogas una organización de mafiosos” Anna
“Da a unas escaleras que te dirigen al sótano, a un cuarto totalmente aislado y ahí está encerrada la persona que vivía antiguamente en la casa” Gerard
“Yo creo que es una ilusión óptica” Pedro
“Yo creo que es una puerta que da a una habitación también, pero no se que puede haber pasado en esa habitación” Marta
“Es una habitación que han tapiado, asique no podremos saberlo nunca” Rubén
“Yo creo que da a unas escaleras al sótano, pero que luego quitaron las escaleras o la tapiaron o algo así y por eso no vemos el final” Sara
“Es una puerta astral oculta” Gerard

Cuando se les acabaron las ideas para las posibles teorías, volvieron a estar todos desperdigados por la casa. Xavi estaba encerrado en su cuarto como casi siempre. Anna estaba con Pedro y con Carla en su habitación hablando de lo que todos nos pensamos. Jordi estaba en la cocina, haciendo una paella para todos, con Gerard y Marta. Rubén andaba por la casa desperdigado recogiendo sus cosas y poniendo lavadoras. Anna estaba fuera en la terraza, barriendo lo que no estaba sucio.

Desistió al poco rato, eso estaba más limpio que la patena, era inútil seguir limpiando algo que no tiene suciedad. Se sentó en una de las mesas de la barbacoa y siguió pensando en los misterios del día. Una puerta tapiada y un jardín auto-limpiable, a lo mejor era una casa inteligente y la puerta lleva a los circuitos de la casa. Esbozó una sonrisa. No se le ocurrían más teorías sobre la puerta, ni el jardín, ni nada.  Entre que le dolía un poco la cabeza y que todo superaba a su pequeña cordura, era hora de desistir.

¿Qué haces tú aquí sola? – Alguien dijo por detrás

-¡Me has asustado, Gerard! – dijo mientras se volvía a poner bien en el banco después del bote que había pegado – está limpiando un poco esto, pero es imposible, me rindo. No entiendo que ha pasado aquí, pero esta todo como los chorros del oro.

Ya… no se, ha sido una mañanita rara, entre el jardín y la puerta. A lo mejor lo limpiamos anoche y no nos acordamos, o lo ha hecho Xavi o cualquier otro y no lo quiere decir. No sé.

-Ya… yo tampoco lo sé, pero ¿y lo de la puerta?, que me dices de eso.

No creo que haya que darle mucha importancia, en una casa de mis abuelos había una puerta en una de las paredes del segundo piso, se veía por fuera. Mis primos y yo hicimos muchas cávalas sobre que podía ser – Se encendió un cigarrillo – Y un día descubrimos que era una puerta que daba al antiguo granero, no había nada. Mi abuela nos contó que desde allí tiraban la paja y esas cosas y alguien las recogía abajo. Muchas veces le damos más vueltas a las cosas de lo que realmente son. ¿Te da miedo o qué? ¿Saldrán por ahí los monstruos de medianoche? – Terminó riéndose

No, idiota – Sonrió ella también – Pero es interesante ¿No? ¡Es una puerta en una pared sin destino! Al menos puede ser entretenida.

-  Si bueno, tampoco hay que rallarse con esto, si no llamamos a la agencia o al casero y nos enteramos. Tampoco es plan de quedarse sin dormir por una maldita puerta – Los dos se miraron con gesto de aprobación – Oye, aparte de esto, quería hablar contigo.

-  Uff, odio esas palabras “tengo que hablar contigo”, no hay frase en el mundo que suene peor – El se echo a reír

-  No es nada, es simplemente, que quería decirte que me lo pase ayer genial con vosotros. Que con Rubén ya me llevo muy bien, me paso el día entero a su lado. Pero tenía una visión muy diferente de ti.

¿A si? ¿Y qué versión mía tenías?

-Pues te tenía como alguien súper tímido, como mojigata ¿Sabes? No fumo, no salgo de fiesta, me porto bien todo el día, soy súper buena persona. – Se echo a reír

Sara puso cara de indignación.

-  ¡E! Pero no te enfades, todo de buen rollo. Es un claro ejemplo de que no puedes juzgar a una persona por su primera impresión. Seguro que tú también me veías algo diferente y te has dado cuenta de que no.

¡Qué va! Yo sigo pensando que eres un Mario Casas, voy de duro todo el día, fumando y haciéndome el malote – dijo ella picándole.

Los dos se empezaron a reír y a picarse mutuamente. Estuvieron un buen rato allí sentados, lanzando piropos irónicos el uno al otro y chinchándose constantemente. Pronto se unió Carla a la conversación, que se volvió normal de nuevo. Carla les contó que Anna pretendía seguir con aquella relación, que aunque no había hablado con Jordi, le gustaba mucho ese chico. Que era una pequeña locura, ya que no se conocían casi. Quería conocerle mejor y que sentía algo por él. Pero tampoco debía hacerse ilusiones, puesto que no tenía mucha idea de lo que Jordi podría pensar de todo esto.

-   Chicos, a comer – Se asomó Marta

Verdaderamente Jordi podía ser todo un chef, la paella estaba buenísima y comieron todos hasta reventar. Hablaron de muchas cosas relacionadas con la barbacoa de la otra noche y los descubrimientos de la mañana. También cotillearon un poco sobre la gente de la fiesta, de la casa y  muchas más cosas. Al terminar de comer a Sara, Rubén y Anna les tocaba limpiar. Unos cuantos se sentaron en el sofá, mientras que otros se fueron a sus respectivas habitaciones a echarse la siesta.
Cuando todo estuvo limpísimo, Sara se fue a su habitación. Se puso los cascos, la primer canción que sonó era Demons de Imagine Dragons, se puso a tararearla y hacer unos bocetos en un papel. Cuando se quiso dar cuenta, estaba totalmente sumergida en su mundo, escuchando música y dibujando un paisaje precioso, un tanto abstracto. Sonrió y siguió allí quieta. Mientras tanto, en otra habitación uno de sus compañeros estaba inmerso en sus pensamientos,  cantando la misma canción.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Dulce introducción al caos. Capitulo 2

Poco a poco se fueron normalizando las cosas en la casa. Se iba pareciendo más a un hogar. Se conocían un poquito mejor a medida que el reloj avanzaba, buscaban cualquier excusa para poder empezar una conversación con cualquier miembro que formaba parte de aquella familia.

Habían empezado cada uno sus respectivas clases, algunos ya empezaban con trabajos que exigían muchas horas. Pero aún así, no dejaban escapar ni un segundo para pasarlo bien. Ese sábado, habían organizado una súper barbacoa, estaba todo el mundo invitado. Querían hacer la mayor fiesta que se hubiera visto jamás. Habían juntado entre todos los asistentes, el dinero suficiente para comprar cosas para todos: bebidas, carne, dulces, patatas.... Todo lo necesario. Habían colocado un montón de mesas en el patio, habían contado unas treinta personas, iba a ser una locura. Muchas veces se miraban pensando lo desastroso que iba a ser eso, se iba a desmadrar demasiado. Esperaban que la gente a la que acababan de conocer, no fuera muy bruta, muy loca y que no se fuera todo al garete.

A las doce de la tarde empezó a llegar la gente, algunos trajeron más barbacoas, ya que con la de Jordi no era suficiente. Otros trajeron hielos, algunos se iban sentando y entablando conversaciones, mientras que otros empezaban a cocinar. Anna y Carla estaban haciendo una mega ensalada, mientras que Gerard, Marta, Jordi y otros, estaban pendientes de la carne. Sara estaba en la cocina con Rubén, poniendo patatas fritas y demás tonterías en boles de plástico. Todos estaban ocupadísimos en sus cosas.

- ¿Bueno qué opinas de todo esto? - Dijo él.
- La verdad es que me parece que se va a desmadrar todo un poco... quizás nos hayamos pasado.
- No me refiero a eso, eres de las pocas de la casa con la que no he tenido un rato a solas - Sara hizo un repaso rápido, y era verdad - ¿Qué te parece la casa, la gente... no se todas esas cosas?
- Aaaa... bueno... La verdad es que... se está genial, hay gente que aun no conozco del todo. En general todo va muy bien, no sé, me gusta mucho estar aquí. Tampoco sé que más contarte. Es que hay gente con la que todavía no termino de congeniar, si, podríamos decirlo así.
- Si, ya sé a quién te refieres...
- Sí, bueno... - Los dos se miraron muy cómplices. - Y tú, ¿Como lo llevas?
Se hizo un momento de silencio
- Bueno, como siempre dicen, los tíos somos más simples - dijo él sonriendo.
- ... ¿Y eso que tiene que ver? - dijo ella, sonriendo pero extrañada.
- Estoy bien, a gusto, cómodo y ya, no me paro a pensar en los detalles, simplemente disfruto. Aunque, como bien has dicho, hay gente con la que es difícil de... congeniar.

Los dos se miraron. Siguieron con su tarea, mientras iban hablando, sin mojarse demasiado, ya que aún faltaba confianza, pero contándose muchas cosas. Contaron los posibles cotilleos que podía haber un futuro en la casa, entre quienes había "tensión" de esa, ninguno de los dos opinaba lo mismo. Pero, se echaron unas risas. Rubén, era de las personas con las que menos había hablado, pero no por nada en especial, simplemente no se había dado la ocasión.

Ya tenían casi todo preparado, la gente no paraba de llegar, ni entraban en la casa, iban directamente al jardín. La gente empezó a comer y a beber, todo fue muy normal. Charlaban, algunos amigos se reencontraban y se preguntaban cómo era posible que el mundo fuera tan pequeño. La comida iba descendiendo a un ritmo sorprendente, y las risas aumentando al unísono. En realidad, aun no había indicios de que nada malo fuera a pasar. Gerard, Carla, Marta, Jordi y Xavi, estaban sentados en una mesa hablando y picando de las cosas que había por ahí. Anna estaba coqueteando con un macizo de la clase de Gerard y Rubén... creo. Pedro estaba en una esquina, con unos cuantos... comiéndose un bocata como dirían en "Como conocí a vuestra madre". Mientras que Rubén, estaba hablando con otros. Sara, acababa de salir de la casa, había ido a buscar más bebidas. Se sentó en la mesa con sus otros cinco compañeros de su universidad, y estaban hablando de cosas de fotografía, que tipo les gustaba más, cuál era el que menos, que opinaban de la historia de la fotografía, no se cosas así. Se enseñaban fotos que habían hecho cada uno de ellos.

La noche fue cayendo y aunque ya no quedaba casi nada que llevarse al estomago, la gente se lo seguía pasando genial. Llevaban un par de semanas ya conviviendo juntos y seguían descubriendo cosas súper interesantes de los demás.  Habían hecho nuevos amigos y no había habido ningún altercado digno de mencionar. La gente bebía pero no había nadie extremadamente borracho, todo el mundo simplemente se lo estaba pasando bien. No sabían si finalmente se sembraría el caos a medida que la noche pasara, pero por ahora estaban todos muy contentos y disfrutando del momento.  Había gente por todos lados del jardín y de la entrada, el interior de la casa estaba completamente vacío, por lo que no habría nada que reparar o volver a comprar nada.

Sara estaba sentada en una mesa hablando con unos amigos de la clase, cuando llego Marta y se sentó a su lado. Sara y Marta se habían hecho muy amigas en poco tiempo, al compartir habitación compartían muchas cosas.  Marta empezó a contarle muchas cosas sobre la noche, resultaba que un amigo de no sé quien era amigo suyo, y que otro había intentado ligar con ella, no paraba de hablar. Anna y Jordi se habían liado y Marta creía que eso iba a ser un problema de la casa. Hablaba tan rápido que era casi imposible entenderla. Sara intentaba hablar con ella, preguntarle cómo habían pasado las cosas, pero no le daba tiempo a terminar las frases antes de que ella ya le estuviera contando otra cosa totalmente diferente. Era mucha información muy rápido, como para ser capaz de asumirlas. La música iba aumentando de volumen a medida que pasaba la noche, sonó la canción de Titanium de David Guetta y  Marta arrastró a Sara hasta donde estaba todo el mundo bailando. Era una canción que a las dos les gustaba mucho, asique se pusieron en el medio de la pista a cantar y a bailar como si no hubiera mañana. La gente a su alrededor cantaba, o más bien chillaba, tanto como ellas.  

La gente estaba muy cómoda, unos cuantos estaban sentados en la mesa hablando. Otros cuantos estaban en el jardín bailando como en una discoteca, había gente esparcida por todo el jardín. No sabían exactamente donde estaban cada uno de los compañeros de la casa, pero les veían pasar de vez en cuando, con lo cual todo iba bien. Nadie se había rajado todavía, seguían los mismos que al principio. No había nadie sentado con cara larga, si no que todos estaban en su salsa. Habían conocido a mucha gente nueva y hecho muy buenos amigos, también había surgido algún que otro romance esporádico. Sara seguía bailando con Marta cuando Gerard y Rubén se acercaron a bailar con ellas. Aparecían diferentes canciones de un modo muy random, es decir, habían hecho una lista con canciones que les gustaban a todos, por lo que salían de todo tipo, indie, pop, rock… La mayoría de las canciones eran muy conocidas, había gente que cuando sonaba una canción que les gustaba, se ponían de pie y la bailaban, o simplemente se dedicaban a cantarla a grito pelado desde donde estuvieran. Era muy divertido ver el panorama que estaba ahí generado. Sara quería otra copa y Gerard se ofreció a acompañarla, ya que su vaso también estaba vacío.

- ¿Qué tal te lo estas pasando? - Le pregunto Sara a Gerard
- Muy bien, la verdad, no me esperaba que fuera todo tan "tranquilo"- Los dos se rieron. - ¿Qué tomas?
- Ron con CocaCola, por favor. - Gerard sirvió las dos copas y le dio a Sara la suya. 

En vez de volver a la pista de baile, se quedaron ahí hablando. Gerard le contó que le gustaban mucho hacer senderismo, le encantaba la montaña, hacia Snow y se iba siempre que podía de camping. Sara le dijo que a ella también le gustaba ir a la montaña, aunque puestos a preferir, prefería ir a la playa. También le contó que el sueño de su vida era viajar por todo el mundo, quería poder conocer a todas las culturas existentes, pero lo que más le llamaba la atención era América del Sur. No os puedo decir con exactitud cuánto tiempo, simplemente compartieron opiniones, ideas y muchas otras de esas cosas que se hacen al conocerse. 

-         Volvemos a la pista de baile – le dijo Gerard
-         ¡Vale!
Volvieron a la pista de baile y se habían juntado unos cuantos más compañeros al grupito que ya habían empezado. Seguían con la misma cantinela. Poco a poco, a medida que pasaba la medianoche, iba desapareciendo la gente. Pasaron de la pista de baile a sentarse a una mesa. Bajaron la música ya que todo el mundo estaba demasiado cansado como para seguir bailando. Siguieron hablando de millones de cosas, aunque las conversaciones iban bajando de intelectuales a medida que el porcentaje de alcohol en vena iba subiendo. Ya no era conocer a los demás,  derivó a quien contaba la anécdota más graciosa o a quien le había pasado la cosa más embarazosa. A medida que la gente se iba, los demás se iban compilando. Se terminaron juntando todos en la misma mesa, y decidieron empezar a jugar al típico “yo nunca he”, en el que descubrieron cosas demasiado intimas de cada uno de ellos, y más que una chorrada.

Pronto se acabó la diversión, algunos de la casa como Pedro, Jordi, Anna y Xavi, habían recogido un poco y se había ido a dormir, o al menos eso habían dicho. A las seis y media de la mañana, todo el mundo había desaparecido. Se pusieron a recoger un poco, ya que no tenían mucho sueño. La verdad es que la gente se había comportado, solo había que tirar un par de platos de plástico y fregar unas cuantas cosas. La gente había ido dejando las cosas en las papeleras que habían puesto. Al fin y al cabo, los de proyect X no existían en la realidad. Carla fue la primera en rendirse, seguida de Marta. Los que se quedaron, es decir, Gerard, Rubén y Sara, se subieron al ático a ver el amanecer. Se sentaron en unas tumbonas, hablaban de cosas más filosóficas que de costumbre, del universo, de la vida, de la felicidad, conversaciones de gente que está un poco tocada. Y por arte de magia, el sol empezó a salir. Siempre es bonito ver el amanecer, raramente coinciden dos iguales. Diferentes tonalidades, colores, líneas en el cielo. Esa vez era naranja, muy fuerte, con rasgos más claritos producidos por las nubes, era muy especial. El primer amanecer que veían desde esa casa. Se miraron los tres, siempre el amanecer indica el principio de un nuevo día, de una nueva vida, de algo que está a punto de comenzar.

Sara llegó a su habitación, no quería hacer mucho ruido, se puso rápidamente el pijama y se tumbo en su cama. Por la persiana podía ver los resquicios de ese amanecer tan bonito que había podido disfrutar con dos compañeros, que presagiaban convertirse en grandes amistades. Se puso a pensar como siempre antes de dormir, en el día, en lo que había aprendido en ese noche de los demás. De lo que podía pasar con Jordi y Anna, podía ser genial o terminar en gran catástrofe. No habían enviado ninguna señal de que el uno le gustaba al otro, y viceversa. Aunque… ahora que lo pensaba, en su conversación con Rubén el ya se lo había presagiado. Él y Gerard eran muy majos, se lo pasaban bien juntos. Bueno, era hora de dormir. Mañana sería otro día.


martes, 26 de noviembre de 2013

Dulce introducción al caos. Capitulo 1.

                     Bienvenida


             Pasaron las seis horas más largas de su vida, conduciendo, con la música a todo trapo, escuchando ese CD que había hecho semanas antes con sus amigas. E imaginándose cómo sería su nueva vida. Cada dos por tres, el coche emitía un ruidito muy extraño, durante las primeras dos horas, paraba a ver qué pasaba, pero después se dio cuenta de que los años no pasan en balde, ni siquiera para un coche. Cantando como una posesa, iba por la carretera, se fijaba en el paisaje, en los animales que había por ahí, he incluso hizo una foto cuando paso por el meridiano de Greenwich. Fue un viaje de lo más extraño, porque, de vez en cuando le entraba el pavor de cambiar de vida, de los “ysis”, ¿Y si salía todo mal? ¿Y si la carrera al final no le gustaba? ¿Y si no se llevaba bien con sus compañeros de casa? ¿Y si…? ¿Y si…? Siempre hay tantos como capaz sea tu imaginación de inventar. 
                Por fin llegó a la casa, en la puerta estaban dos de sus futuros compañeros esperando. La chica era rubia, guapísima y súper estilosa. Él, en cambio, tenía pinta de macarilla, con una camiseta ancha y fumándose un cigarrillo. ¿Por qué no habían entrado en la casa? Decidió buscar aparcamiento hasta que le abrieran el garaje para meter el coche.  Dio varias vueltas antes de tener un hueco, cada vez que pasaba por delante de la casa, veía como sus dos futuros compañeros se acercaban más, parecía que cada vez era menos incomodo conocer a la otra persona. No quería tardar demasiado en salir de aquel coche, si no tendrían que empezar de cero otra vez los tres. Cuando consiguió aparcar, se quedó un rato en el coche, esperando tranquilizarse para que no se le notaran demasiado los nervios, escuchando su canción favorita y mentalizándose de que todos iban igual que ella, nadie conocía a nadie más allá de lo poco que habían podido cotillear por Facebook y lo poco que habían hablado. Decidió salir, habiéndose hecho un repaso al maquillaje antes de abrir la puerta, cogió su bolso y dejó todo lo demás en el coche.
                Se aproximó a la casa, notaba como el nudo en su estómago se iba haciendo más grande, los latidos del corazón se iban haciendo más notables y poco a poco iba dudando hasta de las palabras que podían salir de su boca, algo tan simple como un: “Hola, soy Sara” le parecían lo más patético que existía en la tierra, aunque fuera lo más normal del mundo. ¿Les daría dos besos? ¿Nada? ¿La mano? No sabía exactamente qué hacer.  Abrió la verja, la casa era grande, más grande de lo que parecía en fotos. Solo una planta. El jardín por el que iba andando parecía cada vez más descuidado, como si a nadie le importara las pobres plantas que habitaban allí. La pintura de la fachada estaba descascarillada, el paso de los años habían tenido el mismo efecto que en su pequeño cochecito. A medida que se iba acercando, la mirada de las dos personas sentadas en el porche se les iba haciendo más incómoda, más intensa, más intrigante.
-         - Hola, soy Sara – dijo con la voz firmemente temblorosa.
-        -  Yo soy Gerard
-          - Y yo Anna – dijo ella casi sin mirarla, simplemente fijándose en las pintas que llevaba. 
Los dos se levantaron y procedieron a darse los dos besos de cortesía. Nunca se había sentido cómoda con ese saludo. Si los das muy lejos de la cara pareces una repipi repelente, pero en cambio si los haces directamente en la cara, a la otra persona le produce una sensación de incomodidad muy grande.  Por lo que se limitaba a juntar las mejillas y lanzar un beso al aire, a nadie. Gracias a los nombres pudo averiguar un poco más quienes eran, Gerard iba a estudiar multimedia, mientras que Anna estudiaría moda. 
-          - ¿Por qué no entráis?
-         -  El casero no ha llegado, ni siquiera ha dejado unas llaves, llevamos un rato rebuscando y no encontramos nada, hemos llamado a la agencia y han dicho que enseguida nos dirían algo – contestó Gerard. 
Y ahí se quedaron los tres, sentados en aquellas escaleras que introducían al porche, hablando de nada pero conociéndose un poco más. Conversaciones sobre el tiempo, las flores, que podrían hacer con aquel jardín, que podían añadir a los muebles de la casa, que muebles se habían traído, si pensaban hacer una excursión al Ikea y demás conversaciones que no tenían casi ningún sentido la una con las otras. Simplemente dejando el tiempo pasar, sin que ocurrieran silencios de esos que llaman incómodos. Gerard había traído una televisión como anunció en Facebook, mientras que Anna aportaba unas cuantas sartenes. Sara traía un viejo equipo de música, que aunque tenía ya sus años, se oía perfectamente desde el otro extremo de la calle. Y así paso media hora, afianzando las promesas que había hecho por una red social, asegurándose de que cada uno había cumplido su palabra. 
De pronto aparecieron otros dos chicos más. Se presentaron como Rubén y Pedro. Rubén iba a estudiar lo mismo que Gerard, mientras que Pedro estudiaría aeronáuticas.  Venían juntos porque vivían en dos pueblos cerca, asique se ahorrarían un viaje yendo juntos y así comenzarían a saber un poco más el uno del otro. Preguntaron lo mismo que Sara al llegar y Gerard les dio la misma explicación, asique se sentaron. Rubén ofreció cigarrillos a todos y finalmente volvieron a tocar los mismos temas de conversación. A medida que avanzaban en la conversación aparecía un compañero más, primero llegó Carla, estudiaría moda también, pero en otra escuela. Después Xavi, exhausto, el estudiaría óptica. A los pocos segundos Jordi, diseño gráfico. Y por último Marta, venía tan cargada que todos salieron corriendo a ayudarla. Roja como un tomate dio las gracias, ella estudiaría industriales. Sara y Marta iban a ser compañeras de cuarto, como Anna y Carla, Gerard y Rubén y Jordi y Pedro. Xavi, se había ofrecido a pagar un poco más con tal de estar solo y ninguno se lo reprochó. Se quedaron los nueve ahí sentados un buen rato más. Habrían pasado dos horas desde que llegó Sara y por muchas llamadas que hicieron, siempre les decían que esperaran un poquito más, manteniendo las mismas conversaciones una y otra vez. 
Cuando ya estaban hartos de esperar, cansados y deseando ver su nuevo hogar. Un coche negro, muy grande, casi tanto como una limusina, se paró en la puerta. Los nueve se miraron anonadados. Salió una chica joven, con un vestido negro, del interior. Llevaba una cajita en las manos y unas gafas de sol que le cubrían casi toda la cara. Andaba elegantemente, como si estuviera totalmente acostumbrada a volar con tacones. Abrió con gracilidad la verja y se aproximo a ellos, que por fin habían conseguido sacar a relucir el silencio. 
-          - Hola – sin ningún interés por llegar a conocerlos un poquito más – aquí tenéis las llaves. Espero que sepáis encontrar todo lo que necesitéis. 
Y sin dar tiempo a presentaciones, preguntas o quejas, se marcho mucho más rápido de lo que había llegado. Le entregó la caja a Xavi que la abrió y repartió un juego a cada uno. Jordi se propuso ser el primero en abrir la puerta. El silencio se mantenía mientras introducían las llaves en la cerradura. Todos estaban atónitos con lo que acababa de pasar, y a cada uno se le ocurría una historia diferente en su mente para dar una explicación a la situación, pero sin atreverse a decirla en alto por si los demás pensaban que era una estupidez.

Todo estaba oscuro, no sabían dónde estaban exactamente las luces. Seguían en un continuo silencio. Estaban intrigados por ver su nueva casa al real, no en fotografías, pero a la vez estaban preocupados por lo que les esperaba ahí dentro. Tardaron un par de minutos en encontrar los fusibles, ninguno de ellos hablaba, pero la tensión con el entorno en el que se encontraban, tenía voz propia.  En cuanto se encendieron las luces, todos estaban posicionados estratégicamente, así podrían acaparar el máximo espacio, la máxima información posible en un primer vistazo.
          La casa era muy amplia, una sola planta, pero muy bien distribuida. Lo primero que vio Sara, era el salón. Había tres grandes sofás negros en forma de U, con una mesa pequeña en el centro. Una gran pantalla de televisión, una PlayStation, y muchos demás gadgets y cosas electrónicas que ni si quiera sabían para qué servían. La casa era muy moderna, todo estaba renovado, se podría decir que la había rehecho de cero hace poco. Aun así, muchas cosas no concordaban. ¿Por qué ponía que no estaba casi amueblada en el anuncio de Internet, cuando era mucho mejor que las casas de los integrantes? ¿De verdad iban a pagar tan poco de alquiler por aquella casa? Era todo muy desconcertante. Ninguno formuló aquellas preguntas en voz alta, aunque todos se las cuestionaban para sí mismos. Se centraron en mirarse los unos a los otros y observar con detenimiento hasta el más mínimo detalle de toda aquella sala. El silencio que reinaba anteriormente, había cambiando de forma, de color, ahora ya no era de intriga, si no de fascinación.      
 - Bueno, parece que vamos a vivir como reyes. - Xavi, atreviéndose a romper el silencio.
- No si la casa mola - le contesto Jordi con los ojos como platos.
- A mi todo esto me parece un poco raro - se oyó una voz en el fondo, con miedo, creo que venía de Marta.
- Pues a mí me encanta - Dijo Gerad mientras se lanzaba a uno de los sofás
         Todos se rieron, después de esa hazaña. Cuando apaciguaron un poco las risas emprendieron "la investigación". Se pusieron a andar cada uno a su bola, solo se cruzaban palabras cuando dos de ellos se topaban por los pasillos. Sara no encontraba palabras para describir la casa, era todo tan increíble, digno de cualquier famoso. ¿Por qué alguien se habría molestado tanto en decorar algo así, para alquilarla a estudiantes? De todas formas, estos pensamientos no iban a ocupar mucho en su cabeza, estaba mucho más centrada en encontrar su cuarto. Oyó como la llamaban desde el fondo de la casa, se dirigió allí lo más deprisa que pudo, aunque no quería mostrar desesperación tampoco.
         Al llegar, Marta estaba sentada en una de las camas. "Este será nuestra habitación" dijo muy emocionada. Sara hecho un rápido vistazo, dos armarios enormes se imponían en el medio de la habitación, con dos camas individuales a cada lado. Dos escritorios contiguos se situaban debajo de uno de los grandes ventanales que iluminaban toda la habitación. La otra ventana estaba justo encima de la pared de enfrente, encima de una de las camas. Un sitio al que no le costaría acostumbrarse. Miró a Marta y esta le sonrió.
- Te importa si me quedo esta cama, no me gusta estar tan cerca de la ventana - Mientras pronunciaba esta frase puso cara angelical, ya sabéis esa cara que ponemos todos cuando queremos pretender ser buenas personas.
- Claro que no, al contrario, me encanta dormir debajo de la ventana. 
         Dejo el bolso encima de la cama y dio un rápido vistazo más a la habitación. Aunque el armario no le dejaba ver la cama de Marta, le ofrecía un poco de intimidad, por lo que era perfecto. Además, solo había puerta en la mitad que estaba alejada de la pared, la otra mitad era totalmente lisa, podía poner ahí sus fotografías. Y las vistas desde la ventana tampoco dejaban que desear, se veía la mayoría de la ciudad y al fondo una montaña. Le gustaba mucho su pequeño trozo de intimidad.
         Bajó a por sus cosas, por el camino se encontró con alguno de sus compañeros que había empezado a decorar su trocito mucho antes que ella. Tuvo que hacer cinco viajes en total, traía muchas cosas. Los cogía del coche y los dejaba en la habitación de cualquier forma, luego ya se preocuparía de colocarlos. A medida que iba y venía, se iba encontrando con menos personas por los pasillos, cada vez que esto ocurría, esbozaba una pequeña sonrisa.  Por fin, terminó de transportar todas las cosas. Se sentó en la cama y le entró mucha pereza al pensar que ahora tocaba colocarlas todas en su sitio. ¿Dónde colocaría cada una? Tenía que diseñar bien el espacio estratégicamente para que todo encajara perfectamente en su rincón.
         Mientras estaba sumergida en su mundo, entró Rubén, llamando a la puerta previamente, como buen caballero. Le indicó que iban a ver el garaje para ver como aparcaban los coches que habían traído. Sara se apresuró, cogió las llaves de su cochecito y bajó con él. Siguiendo la misma línea de la casa, el aparcamiento no dejaba nada que desear, es decir, era enorme. Tenía sitio para cinco coches. Parecía un aparcamiento de un gran supermercado.Decidieron que coche iba en cada plaza, priorizando aquellos que lo fueran a utilizar más. A Sara le tocó de las últimas plazas, ya que su universidad estaba al lado de la casa y no iba a ir a ver a sus padres en mucho tiempo. 
         No tardó mucho en dejar en buen recaudo a su cochecito, y había comenzado a ordenar la mayoría de sus cosas. Cenarían todos juntos, pedirían unas pizzas y así descansarían un poco de limpiar y ordenar cosas. Prosciutto, barbacoa, cuatro quesos, carbonara y jamón y queso, encima de la mesa del salón, casi todos estaban ya sentados alrededor de ella, ansiosos por comer un trozo. Cuando al final llegaron todos al olor de la receta italiana, se abalanzaron a devorar la comida. Los primeros minutos nadie dijo ni una sola palabra, el hambre se las comía todas.
         Poco a poco fueron saliendo conversaciones, hablaron de cómo habían colocado sus habitaciones, de anécdotas de su infancia, de porqué eligieron estudiar lo que harían, de que podían hacer este fin de semana que les quedaba antes de empezar las clases. Entre frase y frase, la cantidad de pizza que había sobre la mesa, disminuía notablemente. Se reían con las diferentes anécdotas, se ponían serios cuando tocaba, la conversación fluía, y como dirían los profesores, progresaba adecuadamente. Aprendió muchas cosas de cada uno de ellos:
Anna: Era una chica muy superficial a la que le encantaba la moda, iba siempre conjuntadisima. Casi no se reía de las cosas que decían los demás compañeros. Tenía una mirada fría y superficial. Todavía no había encontrado algo en ella que le transmitiera simpatía o amabilidad. Le desconcertaba bastante.
Carla: Era muy parecida a Anna, le encantaba la moda. Vestían muy parecido, dignas de la pasarela Cibeles. Pero ella si se reía de todas las gracias o anécdotas cómicas que contaban sus compañeros, además venía de una familia muy humilde. Ya había encontrado un trabajo aquí para ayudar económicamente a su familia. Era muy divertida y abierta, contó muchos detalles que eran totalmente esenciales pero que hicieron dar una imagen de ella mucho mejor.
Marta: Era su compañera de habitación y ya había descubierto algunas cosas sobre ella. Parecía una chica muy creativa, había decorado su habitación de dibujos hechos por ella. Era muy simpática aunque un poco reservada, casi no había hablado en toda la noche, se limitaba a escuchar lo que los demás decían y corresponderles. De vez en cuando, anotaba algún apunte a la conversación pero sin mucha relevancia. No podría describiros mucho de ella con tan solo aquella noche.
Gerard: Igual que Marta no había hablado mucho durante la noche. Había conseguido también un trabajo ya. Se le veía responsable. De lo poco que había contado podríamos deducir que era un chico muy humilde. No os puedo contar mucho más de él, simplemente que tenía el pelo castaño y los ojos marrones, que se sentaba en una postura muy rara y que fumaba.
Rubén: El compañero de habitación de Gerard, era el que más había hablado durante la noche. Era un chico muy, muy divertido, contaba un montón de anécdotas de su vida. Le encantaba el fútbol, avisó de que se enfadaba mucho si su equipo no ganaba (muchos chicos respaldaron esta afirmación). También comentó que le gustaba la comida oriental e hizo bastantes chistes. Parecía una persona con la que te podías reír mucho y con el que pasar un buen rato. Aunque parecía un poco despistado, cambiaba de historia cada dos por tres, en cuanto se le presentaba la oportunidad.
Jordi: El único realmente rubio de la casa, no le desagradó para nada. Tenía un punto muy interesante, siempre dejaba las historias a medias, o no contaba un detalle lo suficientemente relevante pero que sabías que ahí se ocultaba algo. Fumaba y estaba un poco intimidado por la situación.
Pedro: Era un chulito, totalmente. Aun así era muy divertido aunque se hacía el duro. No hacía más que contar cosas que le engrandecían. Pero aun así, no tenía tan mala pinta. Era muy guapo, normal que se lo creyera tanto. Haría una pareja perfecta con Anna si no fuera porque era el único de la casa que tenía novia. No dejaba de fanfarronear de ella, de lo guapa y lista que era, de que había entrado en medicina. 
Xavi: Aunque parecía el más rarito de todos, no era tan extraño como parecía. En verdad era muy simpático y amable. Solo contaba anécdotas de videojuegos y demás. Le encantaban todas esas cosas. Se le podría encasillar en el prototipo de “frikis”, pero al fin y al cabo todos somos frikis de algo. Estuvo todo el rato mirando por los demás, que si a alguien le faltaba una servilleta, que si buscaban un vaso de agua… le pareció de lo más encantador.
         En resumen, la primera imagen de todos ellos no le pareció muy desagradable. Terminaron la charla a las dos de la mañana. Decidieron que al día siguiente irían a la compra y muchas otras tareas de la casa. Sara subió a su habitación, apartó un poco las cosas de la cama y cayó rendida. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Dulce introducción al caos.

Hola! Este finde decidí empezar un pequeño libro. Se basa en un sueño que tuve, me parece una idea interesante y que tiene mucho juego, por lo que poco a poco iré dejando los capítulos que haga. Aquí os dejo la introducción, quería hacer el capitulo uno entero, pero mejor poco a poco, así me lo curro.  ¡GRACCE POR LEER!



Introducción.


Estaba ansiosa por comenzar esta nueva vida, por irse lejos, sin padres, sin reglas. Llevaba meses buscando los detalles que encajaran en esa nueva vida. Unas sábanas que no fueran muy serias pero que tampoco fueran infantiles, del mismo color que el tablero de la mesa, exactamente el mismo tono. Había visitado Ikea más de mil veces para encontrar los artículos correctos para decorar esas cuatro paredes que se convertirían en una pequeña nueva casa. Fue de compras a todas las tiendas existentes, para encontrar un pijama gracioso, pero no mucho. Sexy, pero no demasiado como para que se pensarán que era un antecedente a las señoritas de la Casa de Campo. Que le encajara perfectamente, es más, que aunque su uso solo fuera para dormir y pasear por la casa, le quedara como el vestido más cara que nunca se pudiera comprar. Unas zapatillas que fueran totalmente de acorde con ese pijama, y que fueran especiales, el pie de un animal, una comida con ojos, cualquier cosa. También, estuvo diseñando y dibujando cuadros para poner en las paredes, cuadros que le recordaran a su familia, a sus amigos, a su pasado. Cuadros que había hecho durante el bachillerato, pero versión 2.0, es decir, versión mejorada.  Se había dedicado un verano entero en buscar todos estos fragmentos para que la imagen que pudiera dar los primeros días, antes de llegar a conocer a sus compañeros, fuera la ideal.

Faltaban escasas veinticuatro horas para coger el coche y marcharse 637 Km al noreste de su casa. Había una dualidad en su interior, no quería marcharse, para no dejar atrás a su familia y sus amigos, pero estaba nerviosísima y excitada por emprender una nueva vida, desde cero, en otro lugar, sin ataduras. Sabía que no iba a ser fácil, pero iba a ser casi perfecto. Cuando empiezas totalmente desde cero, en un sitio en el que nadie conoce tu nombre, nadie sabe quién eras, que quieres, que has hecho, simplemente van a concerté desde cero, sin prejuicios… Sería como un pequeño trozo de paraíso.  Tenía creadas muchas expectativas con esa aventura, pero a la vez estaba preparada por si todo acababa mal y más que paraíso se convirtiera en infierno. Había escogido los detalles perfectos para que todo fuera bien. Alquiló una habitación en una casa grande, compartida con tres chicas y cinco chicos más. Casi todos hacían diferentes carreras, aunque dos chicos compartían la misma. Ya les había agregado al Facebook, ya sabían cómo iban a ir asignadas las habitaciones, de quien eran las plazas del garaje,  como iba a ir el planing de limpieza, de salida, de cocina… Tenían casi todo detalladamente organizado, todo aquello que era necesario organizar. Llegarían todos el mismo día. Ninguno se conocía físicamente, iba a ser todo tan genial.

Creo que no os he dicho como se llama, su nombre es Sara. Dedicaría unas líneas a describírosla, tanto por dentro como por fuera, pero no creo que sea necesario. Es más, quiero que lleguéis a conocerla desde cero, sin prejuicios, que no tengáis ningún antecedente de mi visión objetiva sobre ella.  Poco a poco os iréis dando cuenta de que es la chica más normal y a su vez más rara que os hayáis encontrado. Simplemente digamos que es una chica, de diecinueve años.

Era la última tarde que Sara estaría en su casa, había quedado con todos sus amigos para despedirse, su madre ya había empezado a llorar su marcha aunque ni siquiera se hubiera ido. Odiaba las despedidas, no sirven de nada, es como muchos de los convencionalismos de la sociedad. Despedirse, llorar y prometer mantener el contacto, promesas que todas las partes saben que no van a ser reales. Lagrimas de cocodrilo por parte de muchas de las personas, que simplemente actúan para que no se piensen que son menos sensibles. Palabras de mantener el contacto que se  borraran de las bocas en el mismo momento que te des la vuelta para marcharte. Regalos que “simbolizaran” una amistad eterna y que no duraran más de tres meses y medio exactos. Malditas despedidas.


Tras mucha parafernalia, actuación merecedora de un Óscar, se fue a casa, ceno con toda su familia y volvieron las lágrimas. La pequeña diferencia entre estas y las de cocodrilo, es que las de la familia son reales, te van a echar de menos de verdad. Tu falta hará que el día a día cambie, aunque sea por un beso, pero tu madre al día se ahorrará un beso más que tendrá que guardar para cuando vuelvas. Esa noche, su padre la ayudó a cargar el coche y le dio un pequeño consejo, no era nada especial, pero su frase se le grabó. Después de despedirse de su madre, acurrucada en su cama, su padre que aunque no quisiera derramó alguna lágrima al verla bajando la escalera y su hermana, que aunque la hace ver que no la quiere, en el fondo sabía que la iba a echar mucho de menos, se metió en su cuarto. Eso si que lo iba a echar de menos, millones de cosas que la hacía sentirse segura, la cama con el colchón más perfecto que jamás hayáis probado. Su corcho lleno de entradas de cine y teatros, que nunca volvería  a ver pero que le recordaban algo de su pasado.  Todos los pequeños de los que estaba llena la habitación que la hacían especial, la hacían simplemente suya. Despidiéndose de cada uno de los peluches que tenía sobre la cama, se metió en ella, y miro por última vez, el techo lleno de estrellitas y ositos que desde pequeña había colocado con mucho cuidado y amor. No pudo dormir mucho esa noche, estaba nerviosisma por saber que le esperaba esa aventura. La razón de su marcha, era perseguir uno de sus sueños. Quería ser fotógrafa, y aunque se encontrara en la capital, solamente tenía la opción de estudiarlo a muchos largos kilómetros de casa.